El viernes llega la nueva serie de Damián Szifrón

| La pareja de Rodrigo de la Serna y Rodrigo Noya se mueve en una trama muy elaborada

LA NACIÓN | MARCELO STILETANO

Para descubrir las pistas que nos llevan hacia Hermanos y detectives, la nueva aventura televisiva de Damián Szifrón, hay que prestarle mucha más atención a Tiempo de valientes (la última incursión cinematográfica del talentoso autor y director) que a Los simuladores, título del que Szifrón parece querer desprenderse a esta altura.

PAREJAS. No es que falten aquí señales que en su momento ayudaron a reconocer buena parte del celebrado universo simulador: el cuidado por el detalle en una trama rigurosamente elaborada, la meticulosa elección del reparto, las citas cinéfilas, las sorpresivas pinceladas de humor. Lo que hay que decir a estas alturas es que dichas marcas son signos identificatorios de un definitivamente consolidado estilo Szifrón más que indicios ocasionales de un solo programa.

Y que todas ellas se aplican en este caso al modelo genérico de la buddy movie, que en el mundo de las historias de intriga, misterio y crónica policial (el territorio ficcional predilecto de Szifrón) es aquel en el que dos personajes de características bien diferentes se encuentran unidos, generalmente por azar y a pesar de ellos mismos, tras un objetivo común.

TRAMAS. Es lo que le pasa a Franco Montero, un policía de la División Homicidios confinado a un rutinario trabajo que resulta la imagen viva de la frustración (hay que verlo cuando varios chicos le preguntan en el final de una jornada si arrestó o mató a alguien), cuando se entera de que su padre, con quien no se hablaba y que acaba de morir, le dejó como única "herencia" a un medio hermano de 11 años y con una inteligencia fuera de lo común llamado Lorenzo.

Que la vida de ambos cambiará para siempre es algo que no tardamos en percibir en esta presentación, en la que dos personajes desconocidos empiezan a entender que pueden complementar sus talentos para luchar contra el mal.

El mayor mérito del primer capítulo es precisamente eso: funciona como introducción, pero con una trama compleja de crimen, resolución y castigo capaz de funcionar como instrumento para la ubicación de los personajes dentro de un tablero que con el tiempo seguramente adoptará contornos más complejos, sobre todo cuando empiece a hablarse de los complicados lazos familiares que unen a los protagonistas.

Este episodio inaugural es una muestra casi perfecta de lo que es capaz de hacer Szifrón: narrar una redonda historia policial en poco menos de 60 minutos, sin que falte indicio alguno, con admirable fluidez narrativa, economía de recursos y precisión casi quirúrgica en la descripción de los escenarios y el retrato de los personajes.

Primero, somos testigos de cómo un profesor de literatura (el exacto Luis Machín, en las antípodas de su papel en Montecristo) prepara y ejecuta el asesinato a sangre fría de su discípulo Nahuel Pérez Biscayart como si se tratara del crimen perfecto. Después, tras la presentación de Franco y la aparición de su medio hermano, vemos cómo éste pone de manifiesto su extraordinaria capacidad deductiva para entrar sin saberlo en la mente del criminal y decodificar exactamente sus planes.

Divertida, atrapante, más fuerte de lo imaginado y entretenida hasta en la descripción de algunos personajes secundarios que serán fijos (como los policías que encarnan Carlos Moreno y Osky Guzmán), Hermanos y detectives también se apoya en la química inmediata que se establece entre el siempre admirable Rodrigo de la Serna y el extraordinario Rodrigo Noya, capaz de maravillar con su aplomo para unir inocencia y convicción en un personaje de ribetes únicos.

Si es capaz de evitar la repetición mecánica del esquema deductivo que exhibe en la apertura, cabe esperar lo mejor de Hermanos y detectives. Con Szifrón detrás de la idea, podemos ser muy optimistas.

Hermanos y detectives

Dónde. Canal 4

Cuándo. Viernes, 21 horas

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