THE NEW YORK TIMES I HOLLYWOOD WATCH I CINDY PEARLMAN
Era el 11 de septiembre de 2001 y el cineasta más controvertido de Estados Unidos fue despertado a sacudidas por su esposa. "Ella me despertó y me dijo que encendiera el televisor", recuerda Oliver Stone. "Vaya forma de despertarme."
En un principio, dice Stone, los ataques terroristas no tuvieron tanto efecto en él como en otras personas. "Francamente, no me metí mucho en eso", afirma, entrevistado por teléfono desde un hotel de San Francisco."En ese tiempo pensaba que estábamos exagerando. Ya habían pasado muchos desastres en mi vida. Ahí estaban Vietnam, el asesinato de Kennedy, Watergate, las últimas elecciones presidenciales."
PERSPECTIVA. Sin embargo, ahora su perspectiva ha cambiado. "Para mí, el 11 de septiembre fue una herida nacional," asegura Stone. "Fue un enorme trabajo de asesinato. Pero nos hundió en esta mentalidad de la seguridad de la patria". Suspira.
"Estoy hablando como cualquier ciudadano y no como cineasta", aclara Stone. "¿Quiere mi opinión sobre las consecuencias del 11 de septiembre? Lo único que puedo decirle es que ese día tuvimos la simpatía de todo el mundo. El resto del mundo estaba con nosotros. Teníamos el derecho de perseguir a esos asesinos. Debimos haber cerrado el círculo. No necesitábamos más y más terror, rupturas constitucionales y más dolor. Pero ésas son sólo mis opiniones, como las de cualquier ciudadano."
Pero él no es un ciudadano cualquiera, claro. El es Oliver Stone, el teórico de la conspiración de películas tan controvertidas como Pelotón (1986), Wall Street (1987), Nacido el 4 de julio (1989), JFK (1991), Entre el cielo y la tierra (1993), Asesinos por naturaleza (1994) y Nixon (1995).
Dado su historial de demandas judiciales, denuncias políticas y tormentas de la crítica, no es raro que la gente haya empezado a calentar motores en cuanto se supo que su nueva película sería World Trade Center, con Nicolas Cage y Michael Pena en los papeles de John McLoughlin y Will Jimeno, dos oficiales de la policía de la Autoridad Portuaria en la vida real, que se aventuraron en una de las torres en llamas, donde quedaron atrapados bajo seis metros de escombros cuando se derrumbó el edificio. Fueron los últimos dos sobrevivientes rescatados de las ruinas.
La película ya ha suscitado la pregunta de si es demasiado pronto para llevar a la pantalla la tragedia ocurrida en esa fecha en la ciudad de Nueva York.
"¿Cómo podemos decir que sea demasiado pronto?" se mofa Stone. "Si alguien es violado, y esa violación le provoca mucho miedo, entonces necesita ver a un siquiatra. Y ese siquiatra le dirá que hay que hablar del día de la violación. Hay que enfrentarnos a nuestros demonios, y entonces entenderemos nuestros miedos. Se trata de superar el miedo que nos paraliza".
"La gente se horrorizó hasta la médula ese día", agrega Stone, "pero el miedo no es malo. Mire cómo reaccionaron los rescatistas. Se clavaron en la tierra. Su vida estaba en juego y respondieron bien. Fue la máxima expresión de valor bajo esa presión".
OPCIONES. De la vasta variedad de acontecimientos en Nueva York, Washington, Pennsylvania y otros lugares durante ese día inolvidable, Stone decidió limitar su atención en dos personas muy reales y su experiencia específica. El resultado es tenso, atrayente y sorprendentemente íntimo.
"Yo quise reducirlo a los dos hombres y sentir sus temores, su fuerza y su valor", explica el cineasta. "Pensé que sería una forma fresca de expulsar esta tragedia de nuestro sistema". Por esa razón, decidió no mostrar los aviones al estrellarse contra las Torres Gemelas.
"La película trata de seguir la línea dramática de dos policías", dice Stone. "Necesitábamos ver lo que vieron Will y John. John no vio estrellarse el primer avión. El estaba en la estación. Y estaba en la torre con Will, tratando de sacar a la gente, cuando se estrelló el segundo avión".
"Will sintió el impacto y vio el horror del edificio que caía a su alrededor", continúa. "Estos hombres me dijeron que, esa misma mañana, habían visto la sombra de un avión que se movía por la ciudad, volando bajo. Es por eso que eso está en la película".
"Tampoco mostré los aviones estrellándose en las Torres porque esas son imágenes sensacionalistas", agrega Stone. "Y eso no es algo que considere necesario mostrar en mi película".
Stone tampoco le da lugar a los terroristas. Ni siquiera los menciona. Para McLoughlin y Jimeno, los atacantes eran irrelevantes: la crisis de ese momento ocupaba toda su atención.
"No había necesidad de hablar de los atacantes," dice Stone. "Podría haber sido como en Oklahoma City, el bombazo de un terrorista interno. Ese día no sabíamos quiénes eran los atacantes, por lo que eso no se aplica a esta película". Así que los teóricos de las conspiraciones del 11 de septiembre no deben esperar ninguna ayuda por parte del hombre que nos dio JFK.
"No fui por ese camino ... no era la película que quería hacer esta vez", explica Stone. "Hay gente que sigue hablando de conspiraciones respecto de ese día. Lo irónico es que, ya sean ciertas o no esas teorías, las consecuencias de ese día han sido mucho peores. Así que supongo que, si hubo alguna conspiración, sí funcionó. Ahora estamos en peores condiciones".
"Pero también hay una gran conspiración frente a nuestros ojos", agrega. "Un pequeño grupo de personas en nuestro gobierno desdeñó a todas las demás ramas gubernamentales y nos llevó a la guerra".
CORAJE. Aunque es veterano de Vietnam y como tal no es ajeno a las crisis, Stone quedó sorprendido por el valor que vio el 11 de septiembre y los días que siguieron. "La reacción de los rescatistas, los policías y los bomberos fue una reacción honesta", asegura. "¿Qué dijo Roosevelt? Ah, sí, él dijo que el mayor de los miedos es al miedo mismo. En este país nos ponemos la armadura una y otra vez ... éste es un país que se refuerza".
Obviamente, esta apreciación no se extiende a la aventura del gobierno de Bush en Irak, presentada en un principio como respuesta a los ataques a las torres. Incluso tiene sus reservas sobre el ataque de represalia de Estados Unidos contra al-Qaeda y los talibanes en Afganistán.
"Se ha exagerado todo el asunto", afirma Stone. "Mi reacción en ese tiempo fue preguntarme por qué se estaba convirtiendo en eso. Habían habido grandes ataques terroristas antes del 11 de septiembre de 2001 en Italia y en Francia. Yo mismo he estado cerca de atentados dinamiteros. Vivimos tiempos peligrosos pero nuestra reacción fue peligrosa".
"Francamente, creo que hubiese funcionado mejor si hubieramos respondido con una acción encubierta letal", asegura el cineasta. "Hay que jugar sucio en esos casos, pero no se hace a la luz pública. Pero eso no se hizo como decisión política".
Stone cumplirá 60 años el 15 de septiembre y ahora es padre de cuatro hijos. Pero dice que tiene la misma pasión por la cinematografía que cuando era joven.
"Cada vez hay que avivar la llama", dice, "y me encanta ese proceso. Soy una persona que ama estar en el estudio. En este estudio, yo estuve en un foro de sonido, en un edificio que se estaba incendiando y cayendo, gracias a los efectos especiales. Estaba agotado. Tenía los pulmones llenos de humo. Era como trabajar en coma ... y me encantó."
¿pRESIONES? Ha habido algunas versiones de que Paramount presionó a Stone para que recortara algunas escenas, porque eran demasiado crudas para que las aceptara el público, pero Stone las desmiente.
"Esta es la película que yo quería hacer ... soy un director que hace la edición definitiva", asegura. "Pero las películas sí pasan por el aserradero por mí cuenta. Había imágenes demasiado duras y no me interesa restregárselas en la cara a nadie". También asegura que el resultado final no es una película de horror.
"Incluso la proyecté para mi hija Tara, de 10 años, y ella la pudo aguantar", afirma Stone. "La proyecté ante chicos de 12 años pues tenía curiosidad. Es decir, ellos tenían 7 años cuando se produjeron los ataques y han escuchado toda la alharaca. La película les interesó mucho".
También la proyectó, antes del estreno comercial, ante un grupo de oficiales de policía, bomberos y rescatistas médicos que estuvieron en el lugar el 11 de septiembre de 2001. "La vimos juntos en Nueva York", recuerda Stone. "Cuando salieron estas personas, yo les vi el alivio en la cara. Y me dijeron: Gracias, la hiciste bien. Así es como fue. Gracias por respetarnos". Stone concluye: "Yo me quedé llorando en la calle."
Dos versiones de una historia: el drama del cuarto avión
Lentamente, la sociedad norteamericana está ajustando cuentas con las atrocidades de la fatídica fecha. Temas que resultaban tabú hace uno o dos años llegan finalmente a la pantalla. El nombre de Oliver Stone y la presencia de Nicolas Cage seguramente va a asegurar más prensa a World Trade Center que a otros films, pero no es por cierto el único film que ha aparecido en los últimos meses.
Según casi toda referencia, el principal competidor es United 93 del británico Paul Greengrass, que ha sido definido como "una crónica casi documental", en tiempo real y con actores desconocidos, acerca de lo que ocurrió en el vuelo de United Airlines, también secuestrado por islámicos, que no llegó a estrellarse en su probable blanco (la Casa Blanca o el Capitolio). Más allá de teorías conspirativas que siempre incluyen un costado paranoico (la versión favorita es que en realidad habría sido derribado por la Fuerza Aérea de EE.UU., pero la sostienen los mismos que afirman que no hubo ningún avión en el Pentágono, o que Osama Bin Laden es agente de la CIA), el film ha sido celebrado por su sobriedad dramática, su concentración en su tema en tiempo real y la eliminación de los golpes bajos a la sensibilidad del público.
Incidentalmente, hay más golpes bajos y más melodrama en Vuelo 93, película para televisión de Peter Markle sobre el mismo tema que se puede ver en cable.