Países como el Uruguay (que no tienen suficientes fuentes propias de energía), instalan plantas de gasificación. Chile construye dos. España tiene cinco proyectadas, Japón y Francia otro tanto.
Tampico, en México, pone en funcionamiento, a un costo de 300 millones de dólares una planta de gasificación que cuenta con dos reservorios de 150 mil m3 de capacidad neta de GNL; lo que representa 600 veces en volumen de gas, o sea 2 x 150,000 x 600= 180 millones de m3 de GN (lo cual no sería nada despreciable para un país como el Uruguay).
La solución permite generar energía eléctrica en sendas centrales térmicas a bajo costo y de ese modo cambia la matriz energética empresarial: con costos más bajos, la industria resulta más competitiva.
Para el largo plazo, elijo soluciones que podrán ser implementadas por "nuestros hijos": el hidrógeno y las centrales de fusión nuclear.
La tecnología del H2 ya está presente entre nosotros. En la Alemania de hoy, hay estaciones donde uno puede cargar hidrógeno en automóviles que circulan con este carburante. Son experiencias que se desarrollan en el mundo entero, incluso en nuestra Facultad de Ciencias.
Las centrales de fusión nuclear que serán desarrolladas en el futuro centro de experimentacion "International Thermonuclear Experimental Reactor" (ITER) en el sur de Francia, sin duda lograrán soluciones innovadoras.
Por algo en dicho centro participan expertos de Europa, Japón, Rusia, Canadá y EEUU. Las futuras centrales, no producen desechos radioactivos, por el contrario los consumen. Funcionan de acuerdo a la siguiente ecuación: D + T -> He + n +17.6 MeV.
El problema sin solución por ahora, es la "inestablilidad" del sistema porque trabaja a muy altas temperaturas.
La seguridad, en cambio, es perfectamente aceptable: una central de este tipo nunca va a explotar; al desestabilizarse consume más energía de la que produce y se apaga automáticamente.
Se espera que la fusión sea rentable dentro de unos 30 años y que las centrales de este tipo, se industrialicen en unos 50 años.