Ya han sido discutidos los alarmantes dislates del profesor que forma parte de un triunvirato encargado por ANEP para preparar el contenido de la materia "Historia del Uruguay en el siglo XX (segunda parte)". No queremos minimizar la entidad del asunto. Al contrario. El caso es grave y fue oportuna la tormenta de la cual todos fuimos testigos, dado que quedaron bien claras las posiciones. Pero parece llegado el momento de ir un poco más allá. Analizar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos en el tema de la enseñanza de la historia nacional de la segunda parte del siglo pasado.
¿De dónde venimos? De por lo menos dos décadas de enseñanza distorsionada. Profesores con la mentalidad del que acaba de ser cuestionado están martilleando desde hace largos años, con su visión sesgada de los acontecimientos que convulsionaron al país a partir de los años Sesenta. No son todos, pero son muchos. Y lo hacen impunemente. Como deslizó el vicepresidente del Codicen: "el delito de opinión no existe y la libertad de cátedra está consagrada por la ley". Estos docentes deberían ilustrar a los educandos acerca de toda la realidad de los tiempos modernos, para que los jóvenes hagan sus propias interpretaciones, pero la realidad es muy otra: se les enseña un sola versión y ella es mendaz.
¿Dónde estamos? Los acontecimientos de los últimos días nos han brindado el panorama. No es para nada esperanzador. Hasta ahora ha habido un volumen importante de profesores que daban clases politizadas, donde se afirmaban cosas como que los tupamaros fueron paladines de la democracia salidos a luchar contra militares tiránicos. Pues bien; hoy advertimos que la mentira política está en vías de tomar forma oficial. Quizás en un texto que se escriba apresuradamente.
¿Hacia dónde vamos? Hacia la potenciación de la falsedad. Hacia una especie de adoctrinamiento. Como dijo el senador Jorge Larrañaga: "esto no es algo nuevo en América Latina", ya que "a los mismos procedimientos se recurre en Cuba y en Venezuela". Y podríamos agregar: asimismo se recurría a ellos bajo Franco, Mussolini o Stalin.
No queda otra alternativa que emprender la lucha.