CARLOS MONTAÑO
Con la base de un juego sólido en defensa, práctico en el medio campo y exquisito en las transiciones ofensivas, Danubio ganó 6-0. Se dio el lujo de propinarle una tremenda goleada a Central, que se jacta (con méritos sobrados) de ser uno de los equipos que actúa ordenado y bien colectivamente.
El conjunto de la franja presionó sobre la pelota, acorraló a los dirigidos por Julio César Antúnez, hizo trizas el afán por la prolijidad que persigue habitualmente y le cortó los circuitos para avanzar.
Con la posesión del balón, Danubio fue una sinfonía de fútbol. Pases medidos, desmarque, generación de vacíos, una casi perfecta precisión en el manejo de la pelota y ejecución mortal.
Todo lo de Danubio fue excelso y redujo a Central a la mínima expresión. Con línea de tres en el fondo, Danubio no encontró dificultades para frenar a un rival con empeño, pero carente de organización y resto físico.
Delante de los zagueros del cuadro de la franja, actuaron muy bien los carrileros Abelenda y García. Ambos sintonizaron una muy buena onda con Gargano, el volante tapón, y con el creativo e inteligente Grosmüller. Este, además de marcar con gran sentido de la ubicación, fue usina generadora de fútbol. Dio asistencias magníficas y ambientó la acción preciosista de los albinegros que avanzaron como una tromba y fueron imparables con las subidas de los laterales que fueron boca de escape para que el enganche Ignacio González y los puntas Cavani y Salgueiro recibieran el apropiado abastecimiento. Así, los jugadores danubianos mantuvieron y regalaron una línea preciosista con rasgos de fútbol total.
Danubio anotó la apertura a los 19` con una jugada del primer mundo. El tuya y mía terminó en los pies de González que culminó con tanta calidad como serenidad. Luego Cavani se sacó las ganas, rompió el maleficio que lo perseguía y se reencontró con el gol. Y había muchísimo más... Salgueiro concretó el tercero.
En el complemento, Danubio no se apiadó de su oponente y anotó tres goles más. El cuarto fue un golazo de Grosmüller, el quinto lo hizo Hamilton Ricard de penal y el sexto, Malrrechaufe. Tres conquistas originadas por el juego de galera y bastón que hicieron los conducidos por Matosas.