Es impresionante la actitud adoptada por las llamadas "Madres de la Plaza", buscando casi con desesperación que las bocas de venta de pasta base y otras drogas se cierren para ver si con ello alcanzan su ferviente deseo de desalentar a sus hijos, hoy ganados por la adicción.
Esa permanencia en el reclamo demuestra un valor muy importante y un gesto contestatario de ese núcleo social que busca una salida, aún a cuenta de que muchas de esas mujeres madres consideran muertos a sus hijos y a ellas mismas.
Esto es una alarma con bocina estentórea.
No valen razonamientos ni lógicas. No sirven las explicaciones que dan a una "boca" cerrada y una o más "bocas" abiertas. No solo la policía tiene que ayudar. Este es un problema de todos los montevideanos.
Hay que ayudar a estas sufridas y valientes mujeres. Pues el logro que persiguen es propio de toda la sociedad y no solo de la capital, porque el flagelo se extiende a todo el país.