Volver al hogar para que ya nada sea igual

BINT JBAIL | KATHY GANNON, AP

En la localidad libanesa de Bint Jbail, los únicos rastros de la presencia humana en la zona son los automóviles incinerados y un tanque israelí estacionado en su entrada, dejados por la invasión realizada por Israel dentro de su conflicto con la milicia del Hezbollah.

Pero las cosas no son demasiado diferentes del lado israelí, donde poblaciones como Kiryat Shemona quedaron como evidencia de la capacidad de la milicia libanesa para generar tanto la destrucción como el terror.

Muchos libaneses empezaron a regresar a sus casas en el sur del país pero, nadie llegó a Bint Jbail por donde Hezbollah e Israel libraron algunas de las más fuertes batallas.

Edificios derruidos dominan el centro, filas de vehículos calcinados esperan en calles llenas de cráteres, proyectiles sin estallar y restos de misiles.

Israel sitió Bint Jbail una semana a partir del 23 de julio, en su primera incursión terrestre. Encontraron fuerte resistencia de los guerrilleros. En una emboscada murieron ocho soldados, el mayor número en una sola batalla de esa campaña.

Los israelíes se retiraron poco después de entrar, mientras Hezbollah cantaba victoria en la defensa del poblado que llaman la "capital de la resistencia", debido a su apoyo los guerrilleros durante la ocupación israelí del sur de Líbano, de 1982 a 2000.

Más de 30.000 personas huyeron del poblado en el bombardeo previo a la invasión.

En tanto, en Kiryat Shemona, los israelíes regresan a sus residencias, muchas veces encontrándose sólo escombros.

Anoche, el ejército israelí dijo que los pobladores de Tiberíades, Afula, Haifa, Nazaret podrían dejar sus refugios. Los de Kiryat Shemona y otros al norte, se negaron a abandonarlos.

De hecho, Kiryat Shemona fue la más afectada de las ciudades israelíes, con más de mil cohetes cayéndole. Y sus habitantes no están listos para regresar a ella.

"Estamos confundidos. Parece tranquilo, pero no sabemos qué pasará luego. La gente todavía teme regresar", dijo Ester Ben-Hemo, de 51 años, al asomarse, insegura, por su balcón.

Más de la mitad de los 22.000 pobladores de Kiryat Shemona huyeron durante la guerra iniciada hace un mes. Quienes se quedaron, lo hicieron encerrados a piedra y lodo en sus casas y refugios.

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