Festejo con doble dedicatoria

| Una desde el corazón del plantel para Sebastián Vázquez y otra, cargada de ironía, para Peñarol

JOSE GALLO

El festejo que iluminó las tribunas del Parque Central durante todo el partido, no encontraba eco ni en la cancha, donde la pelota no entraba, ni en el cielo plomizo que no dejaba de mojar.

Sin embargo, el gol de Suárez desató la celebración, que se hizo completa tras el segundo tanto.

De allí en más fue todo fiesta. En las tribunas, donde los pañuelos volaban como hace 23 años y en la cancha, donde los jugadores se sentían campeones aún antes que Silvera pitara el final y los suplentes acompañaban el revoleo.

Una vez terminado el partido, los jugadores desataron una locura tan grande como la que había afuera. Una "locura Nacional".

"Un minuto de silencio para el manya que está muerto..." abrió el recital "made in" plantel tricolor. Lasarte llamó al "profe" Moreno para dar la vuelta olímpica y en la entrega de medallas se unieron a los jugadores.

A esta altura Vázquez ya se había bañado y se retiraba cuando sus compañeros llegaron al vestuario. Algunos le dedicaron el triunfo por el mal momento personal que vive y volvieron a la carga con los cantos. Otra vez contra Peñarol ("se quedó con las ganas de salir campeón") o idolatrando a Nacional ("lo más grande en el fútbol uruguayo").

Las voces retumbaban aún en los pasillos media hora más tarde, cuando los directivos (completamente mojados) se retiraban. Tras ellos lo hicieron los jugadores y el cuerpo técnico.

Una hora más tarde, más de cien hinchas pudieron llegar al vestuario vacío y, en medio del barro y el desorden, aprovecharon para hacer un tour por las instalaciones, sacarse alguna foto y seguir soñando con ser parte de ese lugar donde nace un equipo.

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