"Cuando estaba en la escuela de teatro de El Galpón, me acuerdo que una vez estaba en el hall del teatro y vino un chiquilín y me pidió una moneda. Como no tenía le di una manzana, que tenía para mi, y le dije que no había problema, porque cuando yo llegara a mi casa iba a comer allí. Al rato -me acuerdo- vino el niño con un paquetito y me lo dio. `¿Qué hacés, estás loco?`, le dije, y él me contestó que no, que me había comprado pizza y fainá porque no quería que yo pasara hambre. Te imaginás lo que me conmovió".
Este relato lo contó a El País el actor, director y escenógrafo Dante Alfonso, quien hoy estrena en El Galpón a las 20.30 hs. una obra que se llama justamente Hambre.
Basada en una novela que el noruego Knut Hamsun escribió hacia 1900, la obra fue muy difundida a través de la versión cinematográfica llevada adelante en 1966 por el director Henning Carlsen. La pieza trata de un hombre que se viene abajo hasta caer en la indigencia. Aunque no consigue trabajo, intenta no mendigar, pero percibe sin embargo su inevitable degradación física. El sujeto lo pierde todo y lucha por conservar lo único que le queda: su dignidad, pese a que el hambre se convierte, como señala la obra "en una rata que roe el estómago."
Para realizar la versión lógicamente hubo que reducir los muchos personajes de la novela, que interpretarán Héctor Minini y Natalia Chiarelli. "La idea es que muchos de los personajes periféricos, como el empeñador y otros, sean interpretados por el propio protagonista, de manera de no separar tanto la realidad de ese hombre que vive en la miseria y su entorno. Por otro lado, como el hambre no sólo ataca a los nervios sino también puede producir alucinaciones, la obra juega a relacionar realidad y fantasía, mezclando lo que este hombre vive con lo que siente", afirma Alfonso.
Los muchos ambientes de la novela (el bar, la calle, la habitación, la plaza) han sido sintetizados en escena. La música (a cargo de Sergio Fernández) trabaja más sobre las sensaciones que sobre las descripciones, mientras que las luces (de Adán Torres, también a cargo de la escenografía) han intentado que un asunto tan duro sea presentado de modo más calmo al espectador, aunque sin alivianarlo.
Alfonso -autor de Caballo negro y Dionisio y director de Las de Barranco, en 1995- señala que pese a la dureza de Hambre, una señal optimista aparece al pasar raya a la obra: "Un rasgo de ternura, de amor, rescata un poco al protagonista de toda esa miseria, valorando el tema de los afectos".