JORGE SAVIA | ENVIADO A ALEMANIA | EL PAIS EN EL MUNDIAL
En medio de un marco imponente, pareció paradójico que desde las no más de las 3 ó 4 desparejas manchas amarillas que se formaban con los colores de las camisetas de los hinchas ecuatorianos, partiera un canto prolijo, bien entonado, que tarareaba la letra de una vieja y conocida canción italiana:
"di blú, di pinto di blú…/
volare, oooohhh. oooohh… /
di blú, di pinto di blú…/
Porque el estadio de Berlín, lógica y pulcramente, estaba absolutamente teñido con el color blanco de las camisetas alemanas. Era un espectáculo. Todavía más extraordinario, incluso, antes de que empezara el partido, que después que empezó el choque entre los locales y los ecuatorianos. Porque ahí, en la antesala del cotejo, detrás del arco que Lehmann defendió en los 45` iniciales, la multitud levantó entre sus manos miles de papeles, con los que formó, en la parte superior e inferior de la tribuna, un gigantesco fondo blanco, que permitió que en el medio otro montón de papeles rojos, negros y amarillas formaran una inmensa bandera de Alemania, en medio de la cual el público fue descorriendo, a su vez, una tela de grandes proporciones con la figura dominante de un águila negra que forma parte de los símbolos patrios alemanes.
Un poco por el proceso del score y en parte por la propias incertidumbres que les plantea la realidad que están viviendo, con gran felicidad pero en forma un tanto inesperada, los hinchas ecuatorianos formaron pocos coros y cuando ya iban perdiendo 1-0 apenas si entonaron el clásico "¡vaaamooooos, vaaaamoooos ecuatoriaaaanoooos, que esta tarde… tenemos que ganaaaar…!".
Es que se dice -aunque ayer en el estadio de Berlín no hubo tantos- que desde Ecuador y otras partes del mundo vinieron 20.000 personas a alentar a la selección dirigida por el colombiano Luis Fernando Suárez, pero ahora tienen un problema que la mayoría no se imaginaba: los paquetes del viaje costaban unos 5.000 euros cada uno, pero ninguno de ellos contemplaba ni la compra de entradas ni alojamiento más allá de la primera fase; así que ahora todos temen que las agencias, aprovechando que están acá, les arranquen la cabeza.
Pero si en algo se notó que ayer jugaron los alemanes, es en que al terminar el primer tiempo los quioscos oficiales de venta de bebida y comida que hay en el interior y los alrededores del estadio, vendieron cerveza y las clásicas salchichas con mostaza en cantidades industriales.
Por todo eso, entonces, aquel "¡di blú, di pinto di blú!" de los ecuatorianos pareció fuera de contexto, extraño. En Berlín, como en todos los estadios donde juega Alemania, al menos hasta ahora, está todo pintado de blanco. Adentro del estadio. Afuera es otro cantar, en cambio. El folklore es más pintoresco y más variado. Empezando por las banderas rojas, amarillas y negras que cuelgan de los balcones de los edificios. Y terminando por las pelucas de esos mismos colores, los sombreros con formas de pelotas de fútbol y todo tipo de símbolos que los alemanes se llevan para sus hogares.