Cooperativistas ahorran hasta 40% con "grupos de compras"

| Una comisión de Fucvam impulsa la organización de vecinos para que hagan surtido mensual a precio de mayorista

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El País

La comisión de Desarrollo Social de la Federación de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam) está impulsando la formación de "grupos de compras" en los complejos de viviendas. Es una forma de consumir productos de uso doméstico -alimentos, artículos de limpieza- de una manera económica, cómoda y ejecutiva.

En una de las cooperativas que hace pedidos mensuales a un supermercado mayorista y a un proveedor de lácteos y dulces el ahorro llega al 30% o 40% "comparando con supermercados y pagando al contado", afirmó Gonzalo Penadés, miembro de Ascoz 3 del complejo José Pedro Varela (Bolivia y camino Carrasco) e integrante de la comisión de Desarrollo Social de Fucvam.

En Covine 8 (Zum Felde y Pitágoras) el ahorro se estima en 20% y lo más conveniente de una lista de 70 productos son los elementos de tocador y de limpieza, indicó la coordinadora Leticia Suero. La iniciativa nació en 2002. Se organizaron canastas familiares que compró la cooperativa "un mes que no hubo que pagar amortización". "Se vio que comprando en grande se abarataban los precios", dijo Suero.

En este grupo de compras el socio paga su pedido 20 días después. Son unas 30 casas de las 50 del complejo. Además de ahorrar, "al no salir a comprar también gastás menos", dijo Suero, por aquello de la compra impulsiva y que siempre van a dar al carro cosas que no están en la lista.

A Suero le parece fantástico que la federación de cooperativas promueva esta forma de comprar entre sus miembros: "como toda cosa que sirve, cuando es bien difundida se puede aplicar, el tema es que haya voluntades atrás, tiempo y ganas".

Esto no es más que una forma "de manifestación del espíritu cooperativo", considera: "acercarse y ayudar para entre todos sacar un beneficio".

los mandados. En Ascoz 3, entre 30 y 40 familias señalan sus pedidos en una lista de precios previamente distribuida y se recauda el dinero por adelantado en una fecha en que hayan cobrado todos, incluso los jubilados.

Habitualmente los pedidos individuales son de entre $ 1.000 y $ 2.500. La lista de mandados colectiva puede estar entre $ 40.000 y $ 60.000 de yerba, fideos, azúcar, harina, aceite, pulpa de tomates, alimentos enlatados, productos de limpieza personal y del hogar. Al distribuidor de productos frescos se le encargan huevos, manteca, quesos y dulces.

El pedido llega un sábado y lo recibe un equipo de miembros del grupo. Todos los inscriptos tienen que colaborar. Entre los productos que se fraccionan están los fideos, la fécula de maíz, el té y el coco rallado.

En un local acondicionado para la distribución, cada uno va a buscar su pedido. Se cobra una comisión de 2% para comprar bolsas, pagar el impuesto del local y realizar algunas mejoras: hoy hay heladera, carrito y estanterías. La comodidad está en no salir a hacer los mandados. Bien pensada, una compra de este tipo puede resolver la mayor parte del consumo doméstico mensual. A fin de año con ese fondo de auxilio se compra una canasta navideña para cada miembro que haya participado durante seis meses en el año.

La estacionalidad se refleja en las listas mensuales: en invierno han aparecido bolsas de agua caliente, en verano figuran helados y en marzo útiles escolares.

En un complejo como este, con 839 familias, Penadés cree que se podría impulsar una verdadera cooperativa de consumo.

La idea de las compras colectivas no sólo se emplea en Montevideo. En San José, la Unidad de Cooperativa de Vivienda Tabaré (Ucovita) tiene un grupo de consumo que integra casi la mitad de sus 61 familias.

Los inscriptos pagan al mes siguiente junto con los gastos comunes, destacó María Drescher en la secretaría de la cooperativa. El grupo resurgió hace dos o tres años, aunque la iniciativa original había nacido con el propio conjunto de viviendas.

En otro complejo -Covipostal de Colón- el grupo de compras que integraron 20 de los 38 integrantes de la cooperativa se desintegró. Quedaron seis y ya no rendía. Aparecían pedidos demasiado específicos, con exigencias de marca que desvirtuaban el concepto de fondo común y reducían la posibilidad de descuentos atractivos por cantidad.

Lo más conveniente, según una de sus integrantes, eran "los bidones de 10 litros de aceite de arroz fritador que no se consigue en comercios".

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