Una buena noche con la Filarmónica

CRITICA/FERNANDO MANFREDI

el tren

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Montevideo

Director. Josep Vicent

Obras de. Rimsky Korsakov, Rossini, Honegger y Prokofieff

Solista. Esteban Falconi (fagot)

Sala. Teatro Solís, lunes 22 de mayo

Es evidente que Josep Vicent por mérito propio se ha convertido en favorito de los melómanos uruguayos. Esta es la segunda vez que se presenta al frente de una sinfónica uruguaya y como en la anterior oportunidad logró concitar adhesiones. No sólo por su desempeño que a no dudarlo lo ubica entre los mejores exponentes de su generación a nivel mundial, sino además por su inteligente propuesta de obras en programas cuya estructura denota una preocupación del concertador por ofrecer al público un conjunto interesante y variado.

En esta oportunidad la propuesta se abría con el Capricho Español de Rimsky Korsakov, proseguía con el Concierto para fagot y orquesta de Gioacchino Rossini, Pacific 231 de Honegger y concluía con la suite del ballet Romeo y Julieta de Prokofieff.

En el inicio la pintoresca obra de Rimsky-Korsakov fue jugada con intensidad, remarcando las intenciones del compositor ruso para con un material para el exótico. El aire festivo de la pieza fue captado con singularidad por encima de algunas vacilaciones en los metales en el retrato de la corrida de toros. Pero en conjunto el trabajo permitió el lucimiento de varias líneas instrumentales, buen pasaje de Kleinlerer en los solos de violín y de las maderas (flauta, oboe y clarinete) que marcaron el carácter orientalista de la partitura cuyo emparentamiento con Scheherezade se hizo por demás evidente en esta nueva versión del valenciano.

El punto de atracción de la velada fue el estreno para Uruguay del Concierto para fagot y orquesta de Rossini una obra hallada recientemente y que se sindicaba como muy destacable por parte del director. En el mejor de los sentidos, las expectativas se confirmaron: el concierto es una obra bellísima plena de inventiva y con una gran calidad tanto orquestal como de exigencia técnica para el solista. Este último atributo sirvió para el destaque de Esteban Falconi que demostró todo su talento y consciente preparación. En especial lució brillante en el tercer movimiento donde la abigarrada cantidad de notas constituían todo un desafío para cualquier virtuoso, desafío que Falconi abordó con solvencia y energía. Hay un aire mozartiano en esta hermosa obra, digna de ser incorporada al nivel de las favoritas del repertorio sinfónico.

Por si fuera poco, el bis realizado merced al entusiasmo del público fue la repetición de un pasaje culminante del tercer movimiento que una vez más exigió de Falconi toda su capacidad que le sirvió para una vez más salir airoso de la prueba.

La culminación de la primera parte con Pacific 231 no pudo ser mejor. Se notó un gran ajuste de la Filarmónica manejada, el término es realmente acorde, con personalidad por Vicent.

En la segunda parte se escuchó una atractiva y sentida versión de la Suite del ballet Romeo y Julieta de Prokofieff. Fue el momento más notable del concierto.

Josep Vicent eligió debidamente los números correspondientes a las dos suites que como se sabe contienen parte del ballet pero también algo de material extra que no figura en la representación. No se deja de sentir asombro ante las dificultades con las que tropezó Prokofieff para que la obra fuera admitida.

Sus melodías originales y conmovedoras traducen impecablemente el dramatismo de la historia, pero también los momentos singulares que enlazan las disputas de las dos familias. Con seguridad el director tradujo los matices y la esencia de la música.

La Muerte de Teobaldo fue el número elegido por Vicent, para culminar esta suite a "su" estilo y en verdad lució como el ápice de una trabajo consciente y detallista que señaló con gran convicción y el final de la noche.

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