El viernes pasado tuvo lugar en La Habana un acontecimiento para la cultura uruguaya. Fue la entrega del premio El Gallo de La Habana, galardón con que Casa de las Américas premia las iniciativas teatrales más destacadas de la escena mundial, y que este año fue a parar al Teatro Circular, recibiéndolo el actor Walter Reyno en representación de la institución.
Reyno se encontraba en la capital cubana junto a su equipo de trabajo para participar con la obra Onetti en el espejo en el festival Mayo teatral, edición 2006, que tuvo lugar entre el 10 y el 21 del corriente. "Fue una cosa rara -contó Reyno a El País-, porque yo veía que había mucho movimiento, y cámaras de televisión, porque estaba la televisión cubana y también la CNN. De pronto cuando nos entregaron el premio, que es para el Circular, no para el espectáculo, nos impresionó muchísimo, porque es una distinción muy importante, que no es entrega todos los años y que la han recibido instituciones teatrales como el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz y el Festival Internacional de Caracas".
La legación uruguaya estuvo integrada entre otros por la directora del espectáculo (y esposa de Reyno) Patricia Yosi, la actriz Paola Venditto (coprotagonista de la obra) y el escenógrafo Osvaldo Reyno (a cargo de la ambientación de la puesta), además de la escritora y periodista María Esther Gilio, autora del conjunto de entrevistas al escritor Onetti, que Híber Conteris dio forma dramática.
Juntos recibieron este galardón que cuenta con una notable trayectoria que se remonta a 1966. La estatuilla, realizada por el artista plástico cubano Agustín Drake, cambia de forma en cada entrega, aunque siempre simboliza el movimiento y la lucha de la gente de teatro. El primer año fue otorgada al montaje de La noche de los asesinos, de José Triana, bajo la dirección de Vicente Revuelta.
En 1992 este premio fue otorgado a las siete ediciones del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. También lo recibieron el célebre Odin Teatret, Santiago García (director de la agrupación colombiana La Candelaria) y el teatrista brasileño Antunes Filho y su grupo Macunaíma.
Walter Reyno, que además dictó en Cuba un seminario, encarnó el papel de Onetti en la sala El sótano, que apenas alcanzó para albergar al público que allí se dio cita. "Era una sala para 200 personas, pero ante la expectativa de la gente nos querían dar una más grande, para 500 espectadores, pero el espectáculo es muy íntimo, y es para hacerlo en una sala pequeña, como las del Circular".