En la tarde del viernes pasado se hicieron públicas las declaraciones de Néstor Kirchner en la IV Cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, que se realizaba en Viena. Las pantallas de las computadoras uruguayas vibraron con las noticias transmitidas por Internet, dando cuenta de que el Presidente argentino había clamado en la capital austriaca para que en Europa se respetaran las normas ambientales. O más concretamente: que las empresas europeas especializadas en la fabricación de plantas de celulosa cuando se trasladaban al Sur, es decir a nuestros países, debían respetar las mismas normas que se exigían en su continente de origen, para evitar la contaminación. Y más concretamente aun, en la frase más dura y agresiva de su arrebatadora catilinaria contra las empresas finlandesas, españolas y suecas radicadas y a radicarse en Uruguay -país por el que optaron por razones que todos sospechamos, ante la opción de poder hacerlo en Argentina- dijo: "Lo que de ninguna manera podemos admitir es que en países que han logrado su mayor desarrollo, quieran trasladarnos la parte más contaminante de sus procesos industriales". Fueron palabras textuales.
A Kirchner le está sucediendo lo peor que le puede ocurrir a quien, sin disimulo alguno, está jugado desde ya a que el año que viene el pueblo argentino lo elija por primera vez en el cargo, que hoy desempeña por el retiro de su contrincante de la segunda vuelta del proceso electoral anterior que lo llevó al sillón de Rivadavia. Ostensiblemente, en lo que atañe al problema que él generó con Uruguay, ha perdido la calma e incursiona en los ámbitos internacionales en donde situó el problema, como lo hace con respecto a otros sucesos que lo tuvieron como protagonista sacando a relucir toda su grosería, su deplorable educación, y su pésimo carácter. Se ha manejado con una torpeza difícil de concebir, abriendo pluralidad de flancos en donde batirse con la mayor debilidad. Esta barbaridad de Viena, contemporánea con la irrupción de una piquetera de Gualeguaychú a medio vestir entre cincuenta y ocho Jefes de Estado para propagandear el rechazo a las plantas -momento en el cual a Kirchner se le vio sonreír y disparársele una golosa mirada que se grabó en una instantánea fotográfica cuando la vergüenza tendría que haberlo hecho dar vuelta la cara-, no va a favorecer precisamente la mejor disposición de los jueces de la Corte Internacional de La Haya a su causa, que sólo con esto tienen para darse una idea cabal del personaje. Para los demás espectadores, incluido Vázquez, la risa fue la reacción natural.
Tampoco tuvo en cuenta que de acuerdo con lo que razonablemente se estima como probable, el fallo adverso a la medida preliminar solicitada por Argentina de ordenar la suspensión de las obras -porque es de por sí excepcional en la jurisprudencia de la Corte- se tendrá en pocos meses, mostrándolo como derrotado ante el pueblo argentino, lo que no favorecerá en nada las posibilidades de ganar gobernaciones y escaños en el Congreso, en las elecciones de octubre. Al mismo tiempo, abrió la puerta para que se le diga y se le pruebe si lo necesita, que los tres países reconocidos mundialmente como de mejores cuidados al medio ambiente, son Suecia, Finlandia, y este rebelde Uruguay, en ese orden. Y también ha dado pie a que quienes están informados sobre el tema, y además lo sufren, le recuerden que en su país hay diez plantas de celulosa construidas, esas sí, con tecnología antigua, que son un foco de contaminación permanente, agregado a otros que como los del Riachuelo, se puede decir que despiden la pestilencia de su olor hasta esta orilla del Plata. En suma, el Presidente mostró su hilacha.
Y tiene buenos alumnos, porque su Embajador aquí, al ser preguntado sobre la contaminación de las plantas argentinas, contestó a la periodista televisiva que: "yo puedo tener mi casa sucia pero eso no le da derecho a usted a ensuciar mi vereda". Y lo dijo con un tono y un semblante de solemnidad como si hubiera encontrado la frase de su vida, omitiendo en el ejemplo que la incontaminación bien entendida empieza por la limpieza en casa. Todo lamentable.