Las canciones que nacieron entre los viajes de Juana Molina

| El flamante álbum es el resultado de una mayor libertad y confianza musical

FABIAN MURO

"Hacía tiempo que sentía las ganas de presentarme con material nuevo. Si bien no tengo un público tan grande en el Río de la Plata como en otras partes, sí percibía que la gente que me sigue acá y en Montevideo merecía canciones nuevas. Tres cosas, el disco anterior, es del 2002, pero como salió editado internacionalmente dos años después, lo presenté en muchas partes durante más de un año", dice Molina desde su casa en Buenos Aires.

La última vez que Molina tocó en Montevideo fue el año pasado, en noviembre y en el mismo escenario. En esa oportunidad, se puedo apreciar a una artista que comenzaba a extender sus dominios musicales, transformando las canciones en hipnóticos y extensos mantras rítmicos y melódicos. Buena parte de ese enfoque musical es el que predomina en Son: "En algunos puntos, el disco se puede interpretar como la consecuencia de lo que venía haciendo en vivo, como si hubiese plasmado en él la sensación de libertad y mayor seguridad que actualmente tengo. Creo que eso viene de haber tocado tanto. Cuando uno sale a tocar todas las noches, se adquiere cierta indiferencia que te libera".

Las canciones de Son nacieron, como todas, en el calor del hogar. "Iba componiendo las canciones luego de cada viaje. Llegaba a casa y escribía algo. Cuando decidí parar de tocar en vivo para grabar este disco, pensé que me iba a costar bastante armarlo. Pero repasando lo que había compuesto me sorprendió gratamente darme cuenta que me faltaba muy poco, que lo tenía casi pronto".

Luego del aluvión de elogios de la prensa internacional (sus discos y recitales han sido reseñados en los mejores términos por críticos estadounidenses, ingleses, suecos, japoneses y muchos más), Molina sentía cierta presión: "Sí, era como que había que estar a la altura de lo que se había dicho. Pero la verdad es que esa sensación me duró muy poco. Una vez que me metí a trabajar sobre las canciones, me fui olvidando de todo eso y se instaló la ansiedad por sacar el disco, entre otras cosas para remarcar otra faceta de mi estilo. Me pareció que las opiniones que se expresaron sobre Tres cosas eran...no sé si `exageradas`, pero la prensa se concentró demasiado en ese disco y dejó un poco de lado Segundo, un álbum que me satisface más y que tiene un vínculo más fuerte con este".

En Son no es inusual encontrar canciones que superan con creces la marca tres minutos y medio. "Las canciones las termino cuando ya no se me ocurre nada más para agregarle (risas). Que sean relativamente largas se debe en parte a esa sensación de confianza que mencioné. Me permití hacer en el disco algo que hago muy a menudo cuando toco en casa: ensimismarme y tocar una melodía o un ritmo durante horas. No encuentro otra palabra que `zen` para describir la sensación que se produce cuando encuentro una melodía o un `loop` que puedo tocar durante horas y retroalimentarme. Eso es algo que me pasa en el escenario también. Me ha pasado más de una vez de estar ante el público y encontrarme preguntándome si empecé la canción recién o hace diez minutos (ríe otra vez)".

MATEO. Otra característica de Son es la marcada presencia de la percusión, pero Molina no coincide en que eso sea algo nuevo: "Soy gran admiradora de los bateristas y percusionistas. Nunca me río de los chistes que se hacen sobre ellos por parte de otros instrumentistas. Ya en Rara, mi primer disco, me preocupaba tocar la guitarra con una marcada presencia del ritmo. Los tiempos son muy importantes para mí, aún cuando a veces me equivoque o no los haga exactamente igual durante toda la canción. Pero no me importa. Uno de mis referentes musicales, Eduardo Mateo, a veces desafinaba cuando cantaba. Aún así, yo escuchaba la nota que estaba dentro de él, aunque no saliera exactamente igual a lo que él pretendía o `debía` ser. A la inversa, hay veces que ves a músicos muy virtuosos que no te mueven un pelo".

Con otra confianza en su música, Molina dice que no le interesa tanto la expectativa que pueda haber entre sus compatriotas por la salida del disco: "No sé cómo será en Montevideo, pero acá existe cierta inseguridad en cuanto a la expresión de los gustos. Como si se necesitara que alguien avale con un pulgar para arriba un disco o un artista. Entonces sí, queda bien decir `me gusta tal o cual`. En cuanto a mi música, siento que se acepta con un poco más de naturalidad, ya no quedan paralizados cuando escuchan mis canciones. Pero también entiendo esas inseguridades. A mí me pasaba con algunos escritores. Recuerdo que durante un tiempo no me animaba a decir que era fanática de Marosa Di Giorgio, no sabía si quedaba `bien` decir que te gustaba. Hasta que conversando con un tío, que se deshacía en elogios para con su poesía, me di cuenta que sí, que era una poetisa muy buena, como yo la sentía".

El concierto de Molina comenazará a las 21 horas y las entradas se venden en Red UTS y la boletería de la Sala Zitarrosa. Las localidades en tertulia cuestan $ 200, mientras que en platea el precio es de $ 250.

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