Lo que cuesta el costo

| Confundir a Pepe Batlle con los entes autónomos, es como no distinguir un huevo de una castaña

Escribe: Dr. Carlos Maggi

El gobierno anuncia que va a conmemorar el sesquicentenario del nacimiento de José Batlle y Ordóñez, exaltando los valores de los entes autónomos. ¡Grave error!

Al iniciar su mandato, Jorge Batlle dijo para la historia, que lo mejor sería derogar todo el capítulo de la Constitución dedicado a los entes industriales y comerciales.

Es retrógrado aferrarse a las cáscaras vacías que quedan de aquel formidable movimiento histórico que a principios del siglo veinte transformó el Uruguay. Lo que corresponde a la gente de nuestro tiempo, es apreciar en todo su valor el pensamiento vivo de don Pepe Batlle y la capacidad de cambio que caracterizó a la generación del 900, integrada por grandes hombres de todos los partidos.

Al día de la fecha, los entes han transformado el Uruguay en un museo viviente, apto para ser estudiado por la arqueología.

Lo que fue admirable en su tiempo, ahora resulta anacrónico.

Pienso en la conmemoración del nacimiento de Guglielmo Marconi, exaltando el uso del telegrama, en un país carente de correo electrónico y satélites. Exaltar el uso del gramófono como homenaje a Thomas Alva Edison.

Lo admirable de un hombre que hace época, no reside en sus creaciones que pueden ser superadas, sino en su espíritu innovador (cambió el mundo, porque tuvo inteligencia y fuerza de carácter para crear e imponer algo nuevo, algo que con el tiempo caerá en desuso, sin mengua del mérito de su inventor).

Hoy en día, el Uruguay está rodeado de pequeños países que fueron pobres y dejaron de serlo porque tuvieron aptitud para adaptarse a la globalización del mundo. ¡Y el Uruguay sale a publicitar sus entes desvencijados y seniles, mastodónticos!

En medio de tantos emergentes, el Estado uruguayo es un gordo benefactor que ya no beneficia a nadie; una mezcla patética de fantasma del ayer y mamarracho. En su afán por producir la energía que mueve las cosas (combustibles y electricidad) o que mueve el pensamiento (comunicaciones) el Estado se dejó devorar por una segunda burocracia; a la Administración Pública largamente excedentaria, agregó los entes industriales y comerciales y su personal privilegiado. Gasta tanto el Estado en esa doble legión de funcionarios que no le quedan medios para lo principal: dar seguridad de vida.

El Estado en harapos, no tiene dinero para solventar cárceles decentes y su solución es soltar a los criminales. No hay policía bastante, ni en cantidad ni en preparación; el delito supera a la vigilancia y hay un miedo generalizado. Ah!... pero eso si: tenemos una gran refinería de petróleo... que da pérdidas multimillonarias.

Nadie ignora lo que estoy diciendo y sin embargo, el gobierno se propone exaltar las industrias del Estado (los precios monopoliocos, esquilman a la población) mientras se deja de cumplir la función de gendarme, la más primaria; la que reclama el instinto de conservación.

Tanto que se habla de las inversiones... A principios del siglo pasado, fue una rareza de avanzada nacionalizar la industria; pero a principios del siglo XXI, repetir el ejemplo soviético, resulta un espanta capitales parado en la puerta del país.

Sólo el Uruguay, Cuba y Corea del Norte siguen creyendo en la nacionalización de la industria; y así están, asediados por las carencias. Ningún país puede subsistir sin cuidar el costo-país.

Este es "EL PROBLEMA"; y nada tiene que ver la economía global con la ideología partidaria; el error viene de muy atrás. El interés corporativo de los funcionarios, disfrazado de amor a la patria, le hizo creer a los uruguayos, que votar por el interés de los empleados de Ancap, de Ose, de Ute o de Antel, era votar a favor del interés público. El interés corporativo, encarece todo lo que toca; no hay nada más contrario al bien común.

Producir barato es una imposición mundial y por no cumplirla, el Uruguay se hizo cada vez mas vulnerable. Ni los ultras más radicales pueden disentir con lo que digo; es un hecho de la realidad.

A mediados de la década del 90, al completar de manera brillante el aggiornamento de China comunista, su Presidente, Jiang Zemin decía:

- "Estimularemos la inversión extranjera con condiciones especiales. Incitaremos la iniciativa de inflexión productiva.

Nuestro futuro depende de una sabia transición hacia Taiwán y Hong Kong. Debemos conducirla como un proceso estable y armónico; sin comprometer la prosperidad, con mano de seda. Por supuesto, el tacto suave no exige cerrar los ojos.

Respetaremos todas las reglas universales en nuestro comercio con EE.UU., si el respeto es mutuo e incluye la renuncia a la intervención en asuntos interiores.

Las buenas relaciones entre China y EE.UU. tendrán cada vez mayor importancia en el plano bilateral.

Nuestra política comercial incluye a EE.UU., Japón, Europa o cualquier otra nación que respete la igualdad, las ventajas mutuas y la complementación recíproca.

No buscamos otra cosa en el intercambio, que mejorar nuestros servicios y la competitividad de nuestros precios internacionales.

Todo asunto exterior o toda medida interna que permita reducir nuestros costos en forma legítima, está comprendida en nuestros objetivos inmediatos.

Sin apertura, no conoceremos el desarrollo y abrirnos exige transformaciones estructurales que habiliten para la libre competencia.

Las importaciones componen nuestro costo-país y nuestro costo es sagrado: debe ser el menor posible.

Si abatimos nuestros costos nuestra economía será más atractiva para la inversión y más atractiva para nuestros socios (clientes y abastecedores). Sólo así lograremos medios de desarrollo suficientes". (Hasta aquí Jiang Zemin).

Hay pequeños países que son puntos fuertes: precios muy bajos, calidad superior y seriedad en el abastecimiento. Son nuestros socios preferidos.

Abrimos nuestro mercado: un espacio muy prometedor que con nuestra expansión, se hará insustituible. Lo hacemos de la manera mas justa: sólo atendemos a la oferta.

El mundo camina a la multipolarización y esa liberalización comercial exige una mayor responsabilidad del Estado en su empeño por racionalizar los costos internos. Nuestras reformas le abrieron el camino a nuestra acitividad, porque fuimos capaces de reducir los costos de producción.

¿Qué pensaría el formidable Jiang si la mitad de la industria china procediera como Ute, Ancap y Antel?

¡Qué manera brutal de derrochar!

En el Uruguay, el costo-país no interesa.

- Interesa halagar y privilegiar al personal de los entes autónomos por sobre los demás funcionarios públicos y los demás trabajadores de la esfera privada. Un ayudante de lavandería en el Banco de Seguros gana 700 dólares por mes.

- Interesa recaudar inflando los precios monopólicos, para que el gobierno recaude. El gasoil uruguayo cuesta más del doble del gasoil argentino.

- Interesa contener los avances técnicos que pueden poner en peligro la técnica atrasada de nuestros entes. Antel se opuso a los cables de fibra óptica. Se trata de invertir lo menos posible y de ordeñar los mas posible a cada ente. Vale decir: ofrecer un servicio cada vez peor y más caro.

- Interesa ingresar masivamente nuevo personal, "con excepción de quienes ya son funcionarios públicos". Lo que importa es "colocar más gente; y que paguen los clientes."

El Uruguay sigue siendo en ciertas zonas, un país bárbaro; va derecho a lo que quiere sin pensar en las consecuencias. Muchos animales son más astutos, más precavidos.

El resto de esta página es un alegato de bien probado, con respecto a ésto que estoy diciendo. Como canta la murga:

"Para que lo entiendan bien.

Nosotros primero

Y ellos también."

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