WASHINGTON | AFP
La súbita renuncia de Porter Goss como jefe de la CIA deja sumida en la incertidumbre una vez más a la cuestionada agencia de inteligencia estadounidense, que intenta recuperar la credibilidad perdida por sus errores en la guerra contra el terrorismo y la invasión de Irak.
Los motivos de la renuncia, anunciada por el presidente George W. Bush en la Casa Blanca el viernes, no fueron explicados.
La prensa afirma que el sucesor de Goss será el general de la Fuerza Aérea Michael Hayden, actual vicedirector principal de inteligencia nacional.
Goss asumió la conducción de la CIA en setiembre de 2004 con la misión de reconstruir el organismo, sometido a fuertes críticas por su incapacidad para prevenir los atentados del 11 de setiembre de 2001 y los fallos en la información para justificar la invasión de Irak en marzo de 2003.
Con Goss a su lado, Bush elogió la "integridad" y "honor" del director saliente.
Goss, que fue 10 años agente de la CIA antes de emprender una carrera política, aseguró que deja el organismo en una condición "estable". Pero varios congresistas han afirmado que la situación de la agencia es caótica.
Dentro de la CIA, Goss es una figura polémica por sus radicales esfuerzos por terminar con las filtraciones de información y lograr un funcionamiento más efectivo.
La ética de las jerarquías de la agencia está en cuestión desde que la Inspección General abrió una investigación sobre su director ejecutivo Kyle "Dusty" Foggo, tercero en la línea de mando.
Pero no está claro si la renuncia de Goss tiene algo que ver con esto.
Según el ex congresista Bob Barr, los cuestionamientos a Foggo, que entre otras cosas incluirían vínculos con una red de prostitución, podrían ser un elemento clave.
"Creo que más cosas saldrán a luz", dijo Barr a la cadena CNN el viernes. El caso "es como una llaga que se ha ido infectando, que bien podría reventar y tal vez salpicar a los más altos niveles de la agencia", agregó.
Además, la agencia es blanco de amplias críticas por sus fallas en la evaluación de la amenaza representada por los terroristas islámicos, la insurgencia en Irak y los Talibán en Afganistán, entre otros peligros globales.