¿Qué se busca?

Con motivo de la terquedad del Codicen en mantener la reducción de horas del inglés, a pesar de su irracionalidad, Pablo da Silveira señalaba que una de las carencias de nuestro sistema educativo, era la falta de responsabilidades institucionales de sus autoridades. A diferencia de lo que ocurre en casi todas las demás democracias, el Ministro de Educación poco es lo que tiene que ver en ella. "Se ocupa del correo, de fiscales, y de otras curiosas tareas -acota- pero en materia educativa solo tiene injerencia sobre las guarderías y las universidades privadas".

Esa especialidad del sistema obedece, en parte, a la preocupación por evitar que motivaciones políticas distorsionaran la enseñanza pública. De ahí, que el artículo 197 de la Constitución dispone que los mecanismos de contralor previstos para los Entes Autónomos no rijan para los Entes de la Educación. Naturalmente que si el Ministro de Educación y Cultura no puede observar ni la gestión ni los actos de las autoridades de la enseñanza, no tiene responsabilidad por lo que allí ocurra. Tampoco son responsables ante el Parlamento por su gestión, los integrantes de los órganos rectores aunque acompañen al Ministro que ha sido llamado a Sala.

La Universidad de la República tiene sus propios órganos de contralor, con eventuales responsabilidades ante alguno de ellos. Sin embargo, es bien sabida la pesadez de todo el complejo engranaje impuesto por la ley Orgánica, que hace lenta su marcha, a contrapaso del mundo del conocimiento que crece en forma vertiginosa. Todo ello torna distante una opinión pública que pocas veces advierte que no hay nada que comprometa más la suerte del país que lo que se hace, o deja de hacer, con la educación. La razonable inquietud que la política no distorsione la enseñanza y la supedite a sus designios, no la ha evitado. En muchas circunstancias la ha cultivado, en medio, precisamente, de la irresponsabilidad.

Así los problemas de la educación pública salvo excepciones, se fueron encerrando en ámbitos cerrados, distantes tanto de los grandes debates públicos, como de los órganos representativos de la soberanía nacional. Estos a su vez, se resignaron a que su intervención se limitase a la etapa presupuestal. Naturalmente que en tales ocasiones, todo termina en centrarse en los recursos para la enseñanza, como si allí se agotara su problemática. En tales oportunidades queda marginada la otra clase de inquietudes. Las que hacen a su orientación, su contenido, su eficacia, sus planes esenciales, sus valores, su ajuste a la realidad nacional, su función integradora, si no debe ser la libertad de enseñanza revalorizada en su contenido para que sea realidad a todos sus niveles.

La necesidad de un amplio debate sobre la educación será siempre bienvenida. Tal vez la calidad de la enseñanza se ha resentido también, por la escasez de esa clase de debates en los órganos representativos y en foros de divulgación y controversias. Pero no al estilo del que ha proyectado para la ley de educación el Ministro Jorge Brovetto. Pretende hacer una convocatoria que en buena parte se desarrollará, tanto en sus planteos como en su elaboración, marginando a los órganos institucionales y en especial a quien con más amplitud representa a la soberanía nacional que es el Parlamento. Hay el grave riesgo que a él le lleguen las cosas digeridas a sus espaldas, con cierto olor a pueblada, con lo que todos los engranajes de presión pueden dispararse sobre el Poder Legislativo, invirtiendo así el proceso natural de elaboración de una ley de Educación que compromete como pocas el destino del país.

El ingeniero Brovetto era Rector de la Universidad cuando en el famoso manifiesto de los cuatro decanos se reclamaba una profunda reforma universitaria. El simple hecho de que aquel manifiesto trascendiera y se debatiera en ámbitos no universitarios, bastó para que sobre ellos recayera su airada censura. Cuando el ex Rector de ayer, y hoy Ministro, apunta por el contrario a una suerte de estado de asamblea, para debatir lo que tanto empeño puso ayer para hacerlo en ámbito cerrado, marginando a la vez a sus órganos naturales, resulta contradictorio e inquietante. Nadie puede ignorar que el adueñarse de la educación ha sido siempre codiciado objetivo del partido político que preside el propio ministro.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar