Nos encontramos en las antípodas del siglo de las Luces? ¿El fin del siglo XX ha marcado la era de las sombras? Parecería que sí. Veamos. En el siglo XVIII, los intelectuales tenían clara conciencia de la estrecha vinculación de la función política y la verdad; tenían claras ideas de la acción y la razón, así como del conocimiento y la justicia. Pero el siglo XX pareciera haber dejado de lado esas cosas, favoreciendo las ideologías, en detrimento de la voluntad de servicio. A finales del siglo XX, los intelectuales se atribuyeron (siguen haciéndolo) la misión de intervenir en los asuntos públicos en nombre de la moral. Pero si bien en Francia los méritos son de los dreyfusianos, los intelectuales de las generaciones siguientes luchan cada vez menos por servir a la justicia y la verdad, convirtiéndose en esclavos voluntarios del "engagement" ideológico. En consecuencia, la política no se ha moralizado y, en cambio, la moral se ha politizado.
Estas ideas pertenecen a Jean Franois Revel. Dueño de una cultura enciclopédica y una superinformación mediática, Revel es un pensador de resonancias pascalianas. Ha sido, sigue siendo, un batallador permanente contra los totalitarismos, en las más diversas tribunas, y su vasta y caudalosa obra tiene amplia resonancia internacional.
Es, por cierto, miembro de la Academia Francesa de Letras. Entre sus libros ineludibles debemos citar, por ejemplo, "La tentación totalitaria", "Cómo terminan las democracias", "El renacimiento democrático", "El conocimiento inútil" y "Memorias". A ellos debemos sumar uno que he releído con fruición, en estos ásperos días que nos toca vivir: "Fin du siècle des ombres" (Fayard), cuya edición castellana no tardará en aparecer.
Los editoriales de Jean Franois Revel tienen poderosa influencia. La exactitud de sus análisis y su estilo lo ha convertido en uno de los intelectuales más prestigiosos del siglo. Y las crónicas que reúne este volumen así lo evidencian.
En arco de años y temas, nada le es ajeno. Su abanico es abierto. Aquí están las ideas de nuestro tiempo, analizadas con una lucidez fuera de lo común. Por si fuera poco, dedica su pensamiento a libros de Foucault y de Isahia Berlin, pasando por Gide, la NRF, la poesía de Supervielle, las memorias de Mario Vargas Llosa e incluso no le son ajenas las fábulas de Salman Rusdhie, quien recientemente ha sido otra vez condenado. Así vamos.
Por cierto, habla de las relaciones del Estado y la cultura, siguiendo los clarividentes ensayos de Marc Fumaroli y no se le escapan las relaciones de Franois Mitterrand y el pétanismo. Pero hay más. Su afilada pluma analiza con agudeza la caída del Muro de Berlín, revisa la situación de Europa central, de Bosnia y de las misiones de la ONU, no deja de mencionar las revelaciones de los archivos secretos del Kremlin e, inclusive, la inseguridad en los colegios franceses (donde los jóvenes no detienen sus desbordes porque no encuentran resistencia en las autoridades, cuando -dice- disimular esta tragedia es traicionar a la democracia).
En nuestros días encontramos, más aquí o más allá, las consecuencias de estos ásperos tiempos y días tan sombríos, poco propensos a la reflexión y dados en cambio a las acciones impensadas y violentas.
Aquí, las ideas y la pasión por la libertad del pensador francés se unen estrechamente a su higiene civilizadora.
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Afirma Jean Franois Revel que la política favorece las ideologías en lugar de la voluntad de servicio.
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