El director de Espacios Públicos y Edificaciones de la Intendencia de Montevideo planteó la necesidad de declarar al Centro zona de exclusión para carritos de hurgadores. Su principal argumento es el impacto negativo que generan a los turistas extranjeros que frecuentan la zona.
Esta insólita explicación merece algunas consideraciones.
En primer lugar, la tracción a sangre está prohibida en Montevideo desde hace décadas. Pero la comuna no hace cumplir la norma, ni tampoco la deroga.
Por otra parte, es inaudito que le preocupen los extranjeros y no los uruguayos.
El problema de la presencia de los hurgadores en las calles de la ciudad no es simplemente estético, sino que hay otros elementos a tener en cuenta y que pasan por el tema sanitario, de seguridad, y de perturbación del tráfico.
El gobierno comunal sigue miope ante un problema tan evidente y la población sufre las consecuencias.