La soledad, mala compañera

JAVIER GARCIA

Desde que en Chile el Presidente de la República decidiera romper con el frente interno construido con toda la oposición, hasta la caótica situación en que nos encontramos hoy, el Ejecutivo ha hecho de todo, sin acertar la mayoría de las veces, por cierto, pero no ha intentado lo imprescindible.

Hace un mes el problema lo tenía Argentina, pero a partir del 11 de marzo, en esa fatídica tarde, Uruguay lo compró todo. La impericia ha hecho que el mismo esté radicado entre el gobierno uruguayo y las empresas. A ello se suma que de tener una compacta unidad nacional entorno al tema, el presidente se encuentre solo, por decisión propia y por haber legitimado y puesto en pie de igualdad lo legal y lo que no lo es: las empresas y los piquetes

Estamos en situación crítica y desde el gobierno se sigue sin embocar el rumbo.

Por estos días su preocupación debiera estar adentro de fronteras y no tanto en las negociaciones con Argentina. Si no recupera el respaldo de la oposición su debilidad le impedirá llegar a una salida. No alcanza con tener mayoría absoluta en situaciones críticas, como ésta, poder contar con un frente interno sólido es parte de la solución. El país que lo pueda mostrar tiene frente al otro una ventaja comparativa.

La única reunión que el presidente convocó a la oposición fue hace casi dos meses, lo hizo a instancias del presidente del Directorio del Partido Nacional, y la desaprovechó. El Dr. Vázquez buscó sólo la foto del día después, y no se dio cuenta que lo más importante, justamente, era continuar con respaldo varios días después.

El Partido Nacional le propuso, también, crear un grupo multipartidario y de primer nivel asesorando al gobierno y la respuesta del canciller fue convocar a los partidos a una reunión con un funcionario de poca jerarquía. El mensaje recibido entonces fue claro: "déjennos solos".

La reunión entre los dos presidentes fue la gota que derramó el vaso y donde se demostró que en la política, como en cualquier otra tarea humana, hay que ser profesional. El amateurismo demostrado por nuestro presidente le dio la posibilidad a Argentina de transferirnos el problema y destruir la unidad nacional.

Por ello el presidente no debería tener hoy otra prioridad que reconstruir el frente interno. No es posible emprender una negociación con Argentina, reinstalados los piquetes y en una escalada que no se sabe dónde termina, sin portar un mensaje de solidez política.

La gente empezó a perder el respeto hacia las acciones de nuestro gobierno y la soledad del mismo cada vez se nota más.

Toda la institucionalidad uruguaya reposa hoy en dos personas, en el presidente y en el secretario de la presidencia. Son muy respetables como seres humanos pero eso no alcanza. Y por ello las equivocaciones aparecen cuando Fernández hace de canciller con la única credencial de ser un muy buen abogado. Cometió una gran macana al echarle la culpa a las empresas, el zigzagueo es del gobierno, no de ellas.

Vázquez debiera aprovechar estos días para tener la iniciativa que hasta ahora no tuvo y buscar reconstruir el frente político interno. La soledad que buscó tiene consecuencias nefastas, que además se notan desde la otra orilla.

Cuando el dilema es grande, como ahora, hay que convocar a la unidad nacional. Pero para ello es necesario quererla y buscarla. Vázquez puede hacerlo, si lo quiere y si lo busca. Es mano, como en el truco.

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