De mal en peor

Manuel Abdala, dirigente del Pit-Cnt, en acto público tildó de "antidemocrática" la reglamentación de las ocupaciones de lugares de trabajo y dijo que los trabajadores seguirán tomando dichos sitios a pesar del decreto de prevención de conflictos que actualmente trata de aprobar el Ministerio de Trabajo.

Es decir que el asunto de las ocupaciones se complica más y más, no siendo indiferente a ello la torpeza oficial. Todo empezó cuando el gobierno en gesto demagógico derogó un decreto que desde hace unos 40 años establecía que la fuerza pública podía intervenir para desalojar inmuebles ocupados por trabajadores.

A partir de ese momento, la acción de ocupar pasó a ser lo habitual en el relacionamiento entre empresas y sindicalistas. En mayo de 2005 ya se pudieron sentir las consecuencias de la nueva política oficial: durante ese mes se registraron cinco ocupaciones que golpearon diversos puntos del país. Luego, el asunto fue agrandándose y agravándose. Tuvimos ocupaciones violentas que derivaron en procesamientos, tuvimos otras que fueron acompañadas por delitos adicionales dado que los ocupantes hicieron uso de las plantas industriales en provecho propio y hoy, a comienzos de abril, podemos observar con tristeza que en marzo hubo un total de doce conflictos de los cuales siete fueron acompañados por ocupaciones.

A esto se suma el desplante del sindicalista mencionado más arriba, expresado aun cuando es evidente la parcialidad a favor de las gremiales que existe en la órbita del Poder Ejecutivo. En el proyecto de decreto de prevención de conflictos y regulación de ocupaciones (que vendría a sustituir al proyecto de ley elaborado anteriormente), las facultades del Ministerio de Trabajo para "intimar" a desocupar si fracasan los mecanismos de negociación previstos, quedan reducidas a los casos en los que se vean afectados servicios esenciales y la salud o vida de la población. Pero esta parcialidad notoria no le basta a los sindicatos.

El daño económico es grande, pero a futuro quizás aun mayor perjuicio conlleve la imagen que está dando el tan voceado "país productivo" que dicen querer los gobernantes de hoy.

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