Jaque mate

La mala maniobra realizada por el presidente Vázquez en Santiago de Chile, concediéndole a su par argentino una salida decorosa a su encrucijada con los piqueteros entrerrianos, a costa de la soberanía nacional, como era de esperar, invirtió los papeles. Ahora es el mandatario uruguayo el que está en una posición insostenible.

Desairó a todo el espectro político que lo apoyó con firmeza, a los gremios y al sector empresarial, a los intendentes y otras fuerzas vivas. Aceptó el chantaje argentino y ahora está por verse qué hará con las empresas inversoras. Qué sentido tiene el pedido de "un gesto" de parte de las empresas para que detengan las obras por un plazo máximo de 90 días, si los piqueteros de Gualeguaychú han sido más que claros en su reclamo: no aceptan la construcción de las dos plantas celulósicas en la margen uruguaya.

No se trata de negociar mejores sistemas de control de emisiones o ajustes en la tecnología a aplicarse. Desde la vecina orilla se ha decidido que Uruguay no permita la construcción de las plantas y si no lo acatamos, no habrá libre circulación por los puentes por decisión unilateral de los entrerrianos, con todo el aval del Gobierno argentino. Entonces, ¿qué clase de negociación se está anunciando? Ceder de manera tan pusilánime implica aceptar la injerencia extranjera en nuestros asuntos, dar una nueva y clara señal de inestabilidad a los inversores, y dejar transitoriamente sin trabajo a cientos de empleados sin derecho a nada.

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