Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente
EL PAIS en Washington
Vive de viaje saltando de un lado a otro del mundo, tras el teclado de una computadora. Nació en la Argentina y vino a Estados Unidos para hacer una maestría en periodismo en la Universidad de Columbia en 1976 y se quedó para siempre. Andrés Oppenheimer fue corresponsal de Associated Press y hoy es columnista desde 1983 del "The Miami Herald" y de "El Nuevo Herald", analista político de la CNN y director de un programa de televisión en Miami, ganó como parte de un equipo el máximo premio periodístico de los Estados Unidos: el Pulitzer, también el premio "Ortega y Gasset", premio "Rey de España" y ganador en TV de un Emmy. Es autor de varios best seller: "La hora final de Castro", "En la frontera del caos", "Crónicas de héroes y bandidos" y "Ojos vendados". Y últimamente su obra "Cuentos Chinos" es un best seller: es el libro latinoamericano más vendido en México y Argentina.
En una larga charla con "El País" destacó que "es muy difícil que el Congreso americano apruebe a Bush otra invasión, esta vez a Irán, como la de Irak", estima que es un "verdadero error de los Estados Unidos dar la espalda a Latinoamérica " y considera que "Chávez es el viejo populismo latinoamericano que busca la confrontación para acaparar poderes absolutos, no oculta que en su opinión "tarde o temprano el continente americano terminará uniéndose en un bloque comercial", que la "inmigración no se detiene levantando muros, ingresan igual en paracaídas o en submarino" y considera que la controversia sobre las plantas papeleras entre Uruguay y Argentina "prueba la falacia de la teoría del bloque de izquierda latinoamericano".
ESTA DE ESPALDAS. Estamos ante la guerra de Irak y la inquietud frente al posible uso por Irán de material nuclear con fines bélicos. ¿Cómo ve el futuro de este mundo confrontativo?
—Creo, y espero, que el presidente Bush no va a tener el capital político como para lanzarse unilateralmente a una guerra contra Irán. La doctrina de guerra preventiva de Bush quedó herida de muerte tras el fiasco de Irak. Por eso, a menos de que haya un nuevo ataque terrorista, y que haya evidencias de participación iraní, será muy difícil que el congreso norteamericano apruebe otra invasión como la de Irak. Quizás estoy siendo demasiado optimista, pero así lo veo.
—Estados Unido redujo el presupuesto destinado al exterior y los aportes, como principal socio a organismos multilaterales, caso OEA y ONU. ¿Qué repercusión tendrá sobre éste continente y el mundo?
—Va a tener un efecto más adverso para Estados Unidos que para América latina, porque Washington perderá más en imagen y relaciones públicas de lo que América latina va a perder en dinero. La ayuda externa de Estados Unidos se viene recortando desde hace veinte años, y representa una cifra minúscula comparada con las cifras de comercio, inversiones y remesas familiares. Pero, propagandísticamente hablando, lo que hizo el gobierno de Bush representa un revés para Estados Unidos.
—¿Piensa que Estados Unidos da la espalda a los problemas latinoamericanos?
—Después del 11 de setiembre, Estados Unidos se abocó de lleno a Irak, Afganistán y el Medio Oriente en general. Y creo que eso ha sido un gran error de este gobierno.
CHAVEZ, VIEJO POPULISMO. —¿Qué papel desempeña en el contexto latinoamericano el presidente Hugo Chávez con sus ataques al presidente Bush y a Estados Unidos?
—Lo de Chávez es el viejo populismo latinoamericano disfrazado de ideología de izquierda, que busca confrontaciones internas y externas para justificar el acaparamiento de poderes absolutos. Fidel Castro usa la confrontación desde hace años para justificar una dictadura absoluta. De manera que lo de Chávez no es nada nuevo: ahora dice que EE.UU. quiere invadir a Venezuela, y a Bolivia. Si Estados Unidos estuviera en esa onda, hubiera invadido a Cuba hace años. Lo increíble es que todavía hay gente en América latina que se la cree.
—¿Cómo calificaría el gobierno de Chávez?
—En el libro "Cuentos Chinos" me refiero a Venezuela como "el modelo narcisista-leninista". Eso es lo que es.
—Es indudable que hay un vuelco ideológico en varios gobiernos latinoamericanos, unos hacia la izquierda moderada y otros radicalizados, en especial frente a Washington. ¿Existe el llamado populismo o es un nuevo término a viejas políticas?
—Discrepo de la versión generalizada de que hay un giro de la región hacia la vieja izquierda antiglobalizadora. Todo lo contrario. Aunque Chávez, Castro y Evo Morales se roban los titulares todos los días, la verdadera historia de América latina la están escribiendo Chile, Brasil, y —quizás— Uruguay, donde una izquierda más moderna está demostrando que se puede crecer y reducir la pobreza mucho más eficientemente con políticas maduras e inserción en la economía global que con discursos de barricada y golpes en la mesa. ¿Han visto ustedes el nuevo gabinete de Michelle Bachelet? Es el gabinete más globalizado de América latina: más del 70% de los ministros hablan inglés fluido, y casi todos tienen doctorados de Harvard, Columbia y MIT.
CONTINENTE UNIDO. —En la Cumbre de Mar del Plata los países del Mercosur y Venezuela votaron contra el ALCA. El resto votó a favor. ¿Cree que se llegará a los mismos fines del ALCA por medio de Tratados bilaterales de Libre Comercio?
—Creo que, tarde o temprano, todo el continente va a tener que unirse en un bloque comercial. El año próximo China y los 10 países de Asia inician su tratado de libre comercio. Entonces, van a haber tres grandes bloques comerciales: el asiático, el de la Unión Europea, y el americano. Y los países sudamericanos que no se inserten en alguno de estos tres bloques, no van a poder competir con sus vecinos que van a poder exportar sus productos a Estados Unidos, Europa o China sin pagar impuestos aduaneros. Los que se queden afuera, quedarán fuera de juego, y si se juntan entre ellos no van a ser más que un club de pobres.
—En Salvador, Perú Ecuador, etc. hay marchas de protesta contra esos acuerdos de Libre Comercio. ¿Piensa que esas reacciones crecen porque se mantienen esquemas ideológicos de décadas atrás?
—Esas reacciones se deben a varios motivos. Por un lado, Estados Unidos vendió mal la idea del libre comercio: la presentó como una solución a la pobreza en América latina, cuando en realidad es apenas un instrumento más, de muchos que pueden ayudar a un país. En rigor, lo importante no es sólo obtener acceso a mercados como el de Estados Unidos, sino ser competitivos. Porque de poco sirve a un país como Uruguay ganar acceso preferencial al mercado de Estados Unidos si después no puede competir con India, o Europa del Este, o China. Y por el otro lado, la oposición en muchos países latinoamericanos se debe a que hay grandes empresarios a los que les conviene mantener un monopolio y evitar la competencia, y que apoyan a políticos populistas. O sea, hay intereses poderosos contra el libre comercio.
—La inmigración en Estados Unidos y en Europa origina resistencias y leyes muy restrictivas, que cierran casi la legalización y las fronteras para los clandestinos, ¿piensa que se soluciona con leyes o con ayudas a los países pobres que son tradicionalmente exportadores de su gente?
—La propuesta de erigir un muro en la frontera con México es absurda, como así también las medidas más extremas para perseguir a los indocumentados. La solución no son las leyes antiinmigrantes, sino cerrar la brecha de ingresos entre Estados Unidos y América latina. Mientras el ingreso per cápita en EE.UU. sea cuatro veces mayor al de México, los indocumentados van a seguir llegando. Y si se pone un muro, van a venir en paracaídas, o en submarino, o como sea...
—Cómo lector, periodista y escritor y argentino, aunque hace años que está radicado en el exterior, ¿cómo ve el conflicto entre Uruguay y Argentina sobre la instalación de plantas papeleras en Fray Bentos?
—Creo que demuestra la falacia de la teoría del "bloque de izquierda" latinoamericano del que hablábamos antes. Lo que hay es países con gobiernos de izquierda —algunos de izquierda moderna, otros de izquierda jurásica— que tienen sus propios intereses, que muchas veces no son los mismos.
—Usted es autor de uno de los últimos bestseller latinoamericanos: ¿Espera que el mensaje que encierra comparando la multilateralidad Europea con la de éste continente americano, dando una visión también de las actitudes del gobierno de EE.UU. haga meditar a los que deciden?
—Ojalá. Estados Unidos no puede seguir dándole la espalda a América latina. Cuando se consolide el bloque asiático, y se amplíe aun más el bloque europeo, Estados Unidos va a tener que ponerle más atención —y más dinero— a su propio vecindario. Y América latina no va a poder seguir creyendo que dándole la espalda al mercado más grande del mundo va a poder crecer y reducir la pobreza. En el mundo hay numerosos ejemplos de países que han logrado reducir la pobreza dramáticamente gracias a su inserción en la economía global, como China, Vietnam, India, Polonia, República Checa, España, Irlanda, Chile y tantos otros. Y no hay un solo caso de un país que ha logrado reducir la pobreza encerrándose en sí mismo. En Cuba, lo que se hizo fue eliminar bolsones de miseria a costa de masificar la pobreza. Y en Venezuela hay más pobreza que cuando asumió Chávez, a pesar de la bonanza petrolera. Por eso digo en el libro que hoy ya no se puede hablar de países de izquierda y países de derecha: lo que hay son países que atraen capitales, como China, India, Polonia, Irlanda y los demás, y países que espantan capitales, como Cuba. Los que dicen otra cosa están contando cuentos chinos.