WASHINGTON | ANSA, AP y AFP
"La lucha contra el terrorismo es la misión de mi gobierno", aseguró ayer el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien culpó a Irán de participar en la fabricación de bombas usadas en Irak por la resistencia.
Bush inició en la George Washington University la anunciada retórica ofensiva para persuadir a los estadounidenses de que las cosas en Irak van bien, contra lo que piensan, según encuestas, la mayoría de ciudadanos.
El 19 de marzo se cumplirán tres años de la invasión angloestadounidense a Irak, sin la aprobación de las Naciones Unidas, y el presidente estadounidense padece hoy el nivel de popularidad más bajo de su gestión, 37% según un sondeo de la consultora Ipsos.
De acuerdo a la misma medición, el 67% de la opinión pública consultada cree que el país "no va en la dirección correcta".
Otra encuesta, en este caso de la cadena televisiva CNN y el periódico USA Today, situó a Bush con peor imagen aun, 36%.
Bush reiteró ayer que las fuerzas militares de su país cesarán la ocupación de Irak cuando policías y militares locales estén en condiciones de "garantizar la seguridad".
También repitió que la decisión de retirarse de ese país será adoptada sobre la base de las indicaciones que hagan los comandantes militares y no en función de "calendarios políticos".
Según Bush, los "terroristas", como llama a los grupos que se oponen a la ocupación, intentaron provocar una guerra civil pero fracasaron, en alusión a la ola de violencia interreligiosa de las últimas semanas que mató a cientos de personas.
"Como los terroristas saben que no pueden derrotarnos militarmente, recurren a la herramienta que les queda, la del miedo", alegó el mandatario.
Bush aseguró que cada vez más los rebeldes de la resistencia recurren a los llamados "artefactos explosivos improvisados", algunos de los cuales "incluyen componentes procedentes de Irán".
De paso, cargó contra el gobierno de Teherán por "aislarse de la comunidad internacional" con esa estrategia y su programa de energía nuclear, pero agregó que Estados Unidos "seguirá presionando al mundo para enfrentar esas amenazas".
Sin el triunfalismo que caracterizó a discursos de otras épocas, el presidente estadounidense admitió que "aún queda mucho trabajo por delante", pero dijo que hay "señales de autocontrol y de un futuro de esperanza" en Irak.
"Habrá aún más combates difíciles, habrá aún más días de lucha" y se verán otras "matanzas", reconoció Bush sobre el panorama actual iraquí, en el cual murieron más de 2.000 militares estadounidenses desde que comenzó la guerra.
Sin embargo, ratificó: "no nos echaremos atrás... la misión de mi administración es la expansión de la democracia y la lucha contra el terrorismo".
En el plano de la retórica, en los próximos días también defenderán esta postura el vicepresidente, Dick Cheney, y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
En el plano diplomático, el representante de este país en Irak, Zalmay Khalilzad, lleva adelante en Bagdad una serie de reuniones con dirigentes políticos, religiosos, tribales y hasta de la guerrilla para lograr un gobierno de unidad nacional.
PERDIDAS. La guerra ya le costó centenares de miles de millones de dólares a Estados Unidos. Y Bush le acaba de pedir al Congreso 72.400 millones de dólares más para Irak y Afganistán, donde también hay soldados estadounidenses.
La Casa Blanca decidió a fines del año pasado que ya no podía negar la realidad: las pérdidas en Irak habían contribuido a que la popularidad de Bush cayera a niveles récords, en momentos en que se dedicaba a una serie de discursos en los que exponía su estrategia para la victoria.
Contra su costumbre, Bush admitió que Irak no tenía armas de destrucción masiva —motivo esgrimido para invadir el país— y atribuyó el error a los servicios de inteligencia.
Pero el nivel de aprobación ha seguido cayendo, hasta el punto de que se ha transformado en el presidente más impopular, al comienzo de su sexto año de mandato, desde Richard Nixon.
Y el atentado contra uno de los sitios sagrados del islam chiíta el 22 de febrero hace improbable que se pueda reducir el contingente de 133.000 soldados estadounidenses, como pensaba el gobierno para el segundo trimestre de 2006.
claves
En una serie de ataques ocurridos ayer en todo Irak fallecieron 16 personas y otras 60 resultaron heridas.
También ayer fueron encontrados los cadáveres de 27 iraquíes asesinados con armas de fuego en Bagdad, según informó el Ministerio del Interior. Ocho de ellos aparecieron en el sector chiita de Sadr City y los otros 19 en diferentes barrios de la capital iraquí.
Un día antes, el domingo, una serie de atentados causó la muerte de 62 personas, 46 de ellas solo en Sadr City, donde funcionaba un mercado abarrotado de gente. El saldo de heridos superó los 200.
En el plano judicial, ayer se celebró la decimosexta audiencia del juicio contra Saddam Hussein y siete de sus colaboradores. Dos de los encausados, el jefe del tribunal revolucionario que condenó a muerte a los 148 aldeanos de Dujail, en 1982, y el ex vicepresidente iraquí, justificaron esas ejecuciones como una "respuesta estatal en tiempos de guerra" y no un crimen contra la humanidad.
"Durante su proceso que duró dos semanas, (los aldeanos) reconocieron haber obedecido órdenes de Irán para que este país pudiera ocupar Irak. Todo esto está recogido en su declaración e incluso lo confesaron públicamente a la televisión", afirmó ante el Alto Tribunal Penal iraquí Awad Bandar al-Bandar, de 64 años, ex jefe del tribunal revolucionario.