RIO DE JANEIRO
El Ejército de Brasil retornó a los cuarteles con las manos vacías tras un aparatoso sitio de 10 días a favelas de Rio de Janeiro en busca de una decena de armas robadas de sus arsenales por narcotraficantes.
El ejército afirmó que ahora realizará operaciones específicas y no generalizadas, para buscar las armas.
Los narcotraficantes que dominan las favelas celebraron con tiros al aire la retirada de los soldados mientras que los vecinos, que se quejaron de las molestias causadas por los uniformados, aplaudieron la salida de los militares.
El Ejército consideró una afrenta el robo de 10 fusiles y una pistola de un cuartel de Rio de Janeiro y sacó a la calle 1.600 soldados, una cantidad superior a los 1.200 destacados actualmente en la fuerza de la ONU que intenta apaciguar al convulsionado Haití.
Una decena de favelas de la zona portuaria y norte de la ciudad estaban vigiladas por carros blindados. Barricadas y ametralladoras protegían los retenes montados para revisar a cada persona que entraba o salía de esos barrios pobres.
El procedimiento dio lugar a fuertes enfrentamientos con los narcotraficantes que, debido al cerco militar, sufrieron una fuerte caída en sus ventas, según estimaron las autoridades.
Los tiroteos, especialmente en la favela Providencia, fueron reiterados pero no causaron bajas entre los soldados. Las victimas reportadas fueron vecinos. En Providencia murió un adolescente que presenciaba un enfrentamiento y cuatro personas, entre ellas un niño y un bebé, sufrieron heridas de bala. AFP