Con los vaqueros en el armario

| Tal vez la Academia no sea tan "liberal" como le gusta parecer, sostienen algunos observadores

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AP

GUILLERMO ZAPIOLA

Hay probablemente una cuota de "persecuta gay" en la idea de que una homofobia silenciosa, latente por detrás de la superficie liberal del Hollywood mayoritario, impidió que Secreto en la montaña de Ang Lee haya ganado el Oscar a mejor película, pero no se la puede descartar por completo.

Por supuesto, no corresponde juzgar un premio artístico (o lo que sea el Oscar) en meros términos de políticas sexuales: se puede incluso ser "gay" y creer que Buenas noches y buena suerte, Munich o Vidas cruzadas son mejores películas que Secreto en la montaña, o reconocer los valores de esta última como drama aunque a uno no le guste el matrimonio homosexual. El mundo no es en blanco y negro, ni todo rosado y suele haber problemas cuando la agenda estética se confunde con la política o religiosa.

MOTIVOS. Desde una perspectiva lo más objetiva posible, no había "claros ganadores" entre las aspirantes al Oscar de este año, un dato confirmado por la forma en que se repartieron los premios: ninguna película obtuvo más de tres estatuillas, y cualquiera de las candidatas al premio mayor podía llevárselo sin colosal injusticia.

Por supuesto, lo llamativo es que Secreto en la montaña viniera arrasando con todos los premios, y se haya quedado justamente sin el último y más importante. Es algo así como que el caballo de carrera que va primero se "manque" a diez metros de la llegada durante el Ramírez. Y allí es que la inicial sospecha de "homofobia silenciosa" adquiere algún viso de credibilidad.

No se puede estar en la cabeza de cada votante, pero cabe razonar que ante una variada oferta de películas valiosas muchos hayan pensado: "Todo bien con Secreto en la montaña, pero al fin y al cabo ya ha tenido un montón de premios. Llamemos la atención también sobre otras cosas", y tras llenar con ese título los casilleros de votación para libreto y director hayan escrito Crash (como se llama originalmente Vidas cruzadas) en el correspondiente a mejor film.

Una probable explicación es esgrimida por Larry Gross, profesor de comunicaciones de la Universidad del Sur de California: "Simplemente Hollywood no está preparado todavía para la homosexualidad". Tom O’Neil, columnista del sitio especializado en los Oscar theenvelope.com completa la idea: "Existe una homofobia latente entre los electores de la Academia que causó una contracorriente hacia Secreto, o al menos cierta desconfianza frente a los largometrajes sobre la persecución a los homosexuales", agregando que "Hollywood no está listo para ver actores homosexuales desempeñando esos papeles, eso sería ir demasiado lejos", según un cable de AFP.

Larry McMurtry, coguionista de Secreto en la montaña y ganador del Oscar razonó por su parte que la victoria de Vidas cruzadas se debió quizás al hecho de que se desarrolla en Los Angeles, ciudad en la que viven la mayoría de los integrantes de la Academia, mientras que la película de Ang Lee transcurre en Wyoming, estado rural. "Somos un país urbanizado. No es fácil promover una historia que pasa en el campo", agregó.

CHINOS. Entretanto, en la República Popular China parecen haber decidido rebobinar del silencio y las suspicacias iniciales, y proclamar los éxitos de Ang Lee como propios (Lee es taiwanés, pero para los chinos Taiwan no es un país sino una "provincia rebelde", y por lo tanto el cineasta es un compatriota). Un artículo en diario oficial China Daily afirmó ayer que "Ang Lee es el orgullo de los chinos en todo el mundo, y es la gloria del talento cinematográfico chino". Es más divertida aún la opinión del director Feng Xiaoning, para quien la clave del éxito de Lee reside en que "excava hondo en la rica cultura china y en la tradición nacional", un punto con el cual discrepa el productor Wu Yigong, presidente de la Asociación Cinematográfica de China, quien precisó que "Ang Lee se ha convertido en un director puro de Hollywood, y nada en Secreto en la montaña puede ser vinculado con la cultura china". No vayan a pensar que también en la China hay vaqueros "gays".

Pérdida de telespectadores

La transmisión de la ceremonia del Oscar del pasado domingo perdió un ocho por ciento de telespectadores norteamericanos con respecto al año anterior, según informó la empresa de medición Nielsen.

Se trata de una caída anunciada en un año donde los cinco films aspirantes al Oscar como mejor película eran independientes y minoritarios, cuya taquilla entre todos no superó en Estados Unidos los 200 millones de dólares.

Según los datos aportados por Nielsen, 38,8 millones de personas siguieron la ceremonia en Estados Unidos. La cifra es la más baja desde el 2003, cuando la victoria de Chicago interesó aún menos y tan solo fue seguida por 33 millones de espectadores. Para cuando llegó la sorpresiva victoria de Vidas cruzadas, solamente un 40 por ciento de los televisores en todo el país tenían la ceremonia en sus pantallas.

Entre las razones que la prensa señala para explicar la caída están el carácter minoritario de las películas y la presunta falta de emoción en la competición, sin grandes estrellas o polémicas (aunque ver la cara del viejo Jack sorprenderse al decir Crash hubiera valido la noche), e incluso la personalidad del excelente maestro de ceremonias Jon Stewart, un desconocido para el gran público aunque sus adeptos (todos demócratas) lo ayudan.

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