Intimidades de las maestras y vecinas

| La obra, escrita por Gerardo Tulipano, viene agotando localidades y agregando doble función

C. R.

Mientras los grandes hombres de teatro plantean mil teorías sobre el arte escénico del presente y del futuro, otra realidad surge al hablar con el personal encargado de atender la boletería de una sala. Porque la persona que despacha las entradas y atiende el teléfono sabe que muchas veces la gente llama preguntando si hay en cartel alguna comedia o cualquier espectáculo que haga reír. Es que a buena parte del público, más que las últimas tendencias del arte dramático francés o las más recientes búsquedas de la vanguardia porteña, le interesa divertirse y reír a mandíbula batiente, y mejor si es con una obra que hable de sexo.

Exactamente a eso apunta Solo para mujeres, espectáculo que dirige Hugo Blandamuro en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck, y que viene agotando localidades y agregando funciones los domingos ante el aluvión de público. Y el fenómeno verifica que las obras humorísticas sobre la relación entre el hombre y la mujer suelen ser taquilleras, sin importar si las escenas que allí se dan ya se han visto otras veces, o si los chistes y las reflexiones no son del todo originales. Y como ejemplo basta recordar Debajo de las polleras, que en esa misma sala se mantuvo años en cartel.

En ese sentido, esta obra que protagonizan Lilián Anchorena, Silvia Kliche, Chaty Pelaez y Silvana Grucci tiene lo que busca un espectador que quiere pasar un rato divertido sin calentarse mucho la cabeza. Bromas, comentarios irónicos sobre la pareja, situaciones arrebatadas y bastante soltura, todo sin tener que atender siquiera a un argumento, puesto que el espectáculo está compuesto en cuadros breves que se suceden a cierta velocidad.

Las cuatro actrices abren el juego sin sus personajes, hablando con el público sobre el propio espectáculo. Luego nos encontramos con Pelaez, que en pantuflas y gorra de baño se maquilla mientras realiza un ágil monólogo. La clásica escena paródica de dos señoras adineradas da paso a un cuadro con más carácter: cuatro maestras cuidan a los escolares en el recreo y aprovechan para contarse intimidades.

En otro sketch, las actrices pasan a ser cuatro vecinas que vuelven sobre los mismos temas, repartiéndose siempre los diversos puntos de vista para poder avivar el debate, hasta un cierre que, como al principio, vuelve a presentar a las intérpretes fuera de sus personajes.

En ese trayecto, el humor va pasando por distintos niveles, del chiste de salón a la broma de tablado. La abstinencia sexual femenina o las nefastas conductas del varón sirven de asunto para desplegar episodios donde las actrices subrayan la palabra con la acción, algo que el público festeja con particular entusiasmo. En ese aspecto el texto de Gerardo Tulipano es habilidoso, sirviendo de plataforma a un equipo donde parece reinar las ganas de divertirse y de hacer divertir a los espectadores, en un contagio mutuo que va y viene de la platea al escenario.

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