JORGE ABBONDANZA
La relación de Gustavo Tejería Loppacher con las actividades artísticas comenzó en 1988, pero dos años después ese vínculo se afianzó al abrir su primera galería en Punta del Este, en la esquina donde termina Gorlero frente a la calle de las palmeras. Una década más tarde, Tejería mudó sus salas a la ubicación actual sobre la avenida Pedragosa Sierra, una sede que ha marcado no sólo la ampliación de las áreas que dedica a la divulgación del arte visual, sino que agrega a ello un margen para conquistar mayor notoriedad, gracias a la lista de los expositores que propone y el empeño selectivo con que se proyectan las temporadas, se eligen las obras a exhibir, se editan los catálogos y se realiza el montaje de cada muestra.
Ese rigor está muy bien, pero hasta la fecha otro de los mejores rasgos de la galería ha sido la continuidad de su trabajo. En materia artística, esa continuidad es un valor imponderable que asegura no sólo la imagen de un centro de difusión y de intercambio, sino también la circulación de una corriente de público como flujo indispensable para lograr la eficacia del emprendimiento y consolidar en definitiva su alcance social. A esta altura, el impulso de Tejería ya lleva dieciseis años cumplidos de faena constante, lo cual es todo un certificado a nivel de disciplina profesional y una prueba de los cometidos que la galería persigue desde su fundación.
CALENDARIO. Conviene repasar la cronología de esa sala para tener idea —a través de un sumario— de sus promedios de exigencia y estimar así los resultados, para lo cual parece suficiente componer una lista de las exposiciones realizadas: 1990 (Arzadun, Gilberto Bellini), 1991 (Figari, Etchebarne Bidart, Iconografía del Río de la Plata), 1992 (Uruguay en la feria ARCO, El afiche), 1993 (Damiani, Figari), 1994 (Manuel Rosé, Haedo, Andrea Palladio), 1995 (Gurvich, Carlos María Herrera, José Pedro Argul), 1996 (Cúneo, Blanes, Pesce Castro), 1997 (Nelson Ramos, Barradas, Torres García), 1998 (Milo Beretta, Gurvich), 1999 (Carmelo Rivello, Escuela del Sur), 2000 (Barcala, Arotxa, Uruguayos en FIA), 2001 (Ricardo Aguerre, Solari, Sáez), 2002 (Gurvich), 2003 (Julio Testoni, Figari), 2004 (Besnes e Irigoyen, Pablo Atchugarry, Octavio Assunao), 2005 (Clever Lara, Arte cotidiano, presentación del libro "Desde la Galería"), 2006 (Javier Bassi, Pablo Damiani, María Freire & José Pedro Costigliolo, Constructivos).
El libro mencionado, que se presentó a comienzos de 2005 en La Azotea de Haedo, es un lujoso volumen de 390 páginas donde se hace el inventario de toda la actividad cumplida por la GTL en sus quince años de trayectoria. Junto al despliegue de ilustraciones, y bajo el título Desde la galería, Arte uruguayo en Tejería Loppacher, figuran textos de veinticinco críticos, historiadores, periodistas y escritores nacionales coordinados por Miguel Carbajal, donde asimismo se incluye un pequeño homenaje a Carlos Eugenio Scheck, que fue uno de los apoyos decisivos que Tejería tuvo desde los comienzos de su actividad.
INTERES. Declarada actualmente como empresa "de interés Departamental y Turístico" por la Intendencia de Maldonado, la galería también ha llevado sus bríos culturales fuera del país, figurando en la Feria Anual de Anticuarios de Buenos Aires, en la Feria Internacional ARCO de Madrid (1992) y en la Feria Internarional de Arte FIA de Caracas (2000), entre otros itinerarios. Ha establecido así no solamente una presencia en esos acontecimientos sino una serie de vínculos capaces de reforzar las vías de integración con el exterior. Luego de largos años en que la actividad artística de Punta del Este fue considerada un mercado zafral (y en todo caso ornamental) en torno al ajetreo turístico, confiriéndosele apenas un papel periférico en medio de las trivialidades veraniegas, unos pocos ámbitos de jerarquización —en cuya primera fila ha militado Tejería Loppacher— lograron modificar la situación en las últimas décadas, demostrando que la plástica podía ocupar un sitio ennoblecedor en ese medio, y en más de un sentido trascenderlo.
Eso confiere a la galería una responsabilidad y supone un compromiso: el de mantener la altura de calidad y de interés que ha desplegado hasta el momento, lo cual reviste un doble mérito en una época como la actual, donde la frecuente confusión de valores puede colocar a la improvisación y el oportunismo en pie de igualdad con el conocimiento y la madurez del oficio que un animador artístico puede alcanzar al cabo de largos años de ejercitar su espíritu planificador, como se ha mostrado hasta hoy en esta galería. La verdadera tarea de fecundación en el campo de la cultura, no se logra con un par de gestos espectaculares sino con la suma de un quehacer infatigable y permanente, que es el único camino para fertilizar ese campo y dejar un rastro capaz de perdurar. En la obra que cuelga sobre los muros de Tejería Loppacher, queda constancia de ese dilatado esfuerzo y esa legitimidad, que es el mejor legado para dialogar con un público interesado, la mejor respuesta para competidores efímeros y la mejor lección para los recién llegados al circuito.