El "Marito" quería un arma de fuego. No es de extrañar: está condenado a 30 años de cárcel, encontrándose procesado por cuatro homicidios, privación de libertad, daños, motín, tenencia de estupefacientes, riñas y lesiones. El domingo pasado estuvo cerca de lograr su "instrumento de trabajo" cuando su esposa trató (por fortuna sin éxito), de entrar al Penal de Libertad con una pistola automática escondida en uno de sus zapatos.
El acontecimiento dio que pensar. El Comando de la Dirección de Cárceles pensó que otros familiares de reclusos de dicho penal habrían ingresado armas en aquel día domingo y se ordenó una requisa. La requisa fue a fondo: hallaron 13 cuchillos ("cortes"), marihuana y varios teléfonos celulares.
Esto no es raro. Dentro de los centros de reclusión se mueve un mundo paralelo, con jerarquías de presos que van desde los líderes hasta los denominados "perros", a quienes reclusos con mayor autoridad manejan a su gusto. Y en ese mundo el armamento es un equipamiento necesario a fin de mantener ese "orden" interno que ocasionalmente cuesta alguna vida segada mediante algún "corte" manejado hábilmente por una mano anónima.
El tema del andamiaje interno ilegal en los centros de reclusión se extiende asimismo a las colonias de menores. Allí "puntas" y "cortes" son también moneda corriente para intimidar a otros menores y hasta a los funcionarios y autoridades del INAU. A qué extremo llega la situación en esa tan cuestionada órbita, lo revela el que hace un par de días los funcionarios se resistieron a cumplir una guardia nocturna en el Instituto SER, porque eran sólo dos efectivos y allí se alojan menores peligrosos internados bajo medidas de seguridad.
Ha habido inventores y fabricantes de armas que actuaron dentro de cárceles, como el famoso "Carbine Williams" de los Estados Unidos, quien concibió en secreto la carabina M1 que usó el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Pero ese no es el caso nuestro. Aquí, las armas son rudimentarias aunque no por ello menos filosas. Y es inadmisible que estén donde están.
El domingo pasado, alguien quiso pasar a un estrato superior dentro de la cárcel y para ello entendió necesario equiparse con una pistola automática. Eso se frustró y la acción posterior dejó en evidencia una realidad que debe ser cortada de raíz, aplicando las tantas veces prometidas medidas de fondo.