El día que el mundo conoció a Stalin

XIMENA VILLALN MUSSONS

EL MERCURIO/ GDA. Para los delegados que la madrugada del 25 de febrero de 1956 asistieron a la reunión del XX Congreso del Partido Comunista Soviético, la advertencia fue clara: nada de lo que iban a escuchar debía salir de esas cuatro paredes. Ante ellos, el secretario general del partido, Nikita Kruschev, se aprestaba a comenzar lo que se conocería como su "discurso secreto".

En medio de un silencio sepulcral, el informe de Kruschev, oficialmente titulado "Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias", narró por primera vez, abiertamente y sin medias tintas, los horrores de los treinta años de gobierno de Josef Stalin, fallecido el año 1953.

Los delegados se enteraron entonces de que a quienes Stalin consideraba "enemigos del pueblo" eran torturados y enviados masivamente a los "gulags" (campos de trabajos forzados). Sólo entre 1935 y 1940, 700 mil de estos "enemigos del pueblo" fueron fusilados.

Sumidos en la impresión, los delegados escucharon de boca de Kruschev que Stalin ordenaba personalmente las torturas. "Su despotismo no conoció límites", afirmó el secretario general del Partido Comunista soviético, haciendo una dura crítica a quien hasta hace poco había sido visto como un semidios.

"Stalin inventó el concepto ‘enemigo del pueblo’. (...) Este término hizo posible el uso de la más cruel represión, la violación de todas las normas de la legalidad revolucionaria, la tortura y la opresión. Por doquier veía ‘enemigos’, ‘espías’ y ‘traidores’", dijo entonces el secretario general del PC.

Ningún aplauso sonó tras la lectura. Algunos delegados contaron más tarde que, mientras Kruschev hablaba, entre los asistentes hubo escena de llanto, desesperación y que incluso varios sufrieron ataques cardíacos.

Kruschev sabía que su discurso tendría enormes consecuencias, e insistió en que "nada de lo que se refiere al ‘culto a la personalidad’ debe aparecer al exterior del partido", en particular en la prensa. "No debemos proporcionar municiones al enemigo; no debemos lavar nuestra ropa sucia ante sus ojos", aseguró.

Sin embargo, poco después, una versión resumida del polémico discurso fue distribuida a las células del partido y leída a la población. En junio de 1956, algo más de tres meses después del fin del Congreso, el diario "The New York Times" publicó un extracto del documento leído por Kruschev, con lo que el "discurso secreto" comenzó a ser conocido en el exterior. Finalmente, el texto fue publicado completamente en 1989, en los albores de la caída de la Unión Soviética.

El discurso de Kruschev tuvo enormes consecuencias. El "deshielo" impulsado por el secretario general del PC permitió que salieran a la luz hechos como los 20 millones de personas que fallecieron de hambre producto del programa de industrialización acelerada del régimen de Stalin, la purga en 1933 de unos 400 mil miembros del partido acusados de no ser leales al líder soviético y la eliminación sistemática de los llamados "elementos sociales peligrosos: ex miembros de partidos políticos opositores, ex funcionarios zaristas y los kulak" (campesinos acomodados).

Pese a que la represión vivida bajo el gobierno de Stalin es ahora ampliamente conocida por la población rusa, desde hace algunos años el país ha estado viviendo un renacimiento del culto a la figura del dictador soviético, quien es visto como el símbolo de la fortaleza y la victoria de su país sobre los enemigos externos. La situación preocupa a muchos.

"Hay intentos de conservar el estalinismo, y esto es muy grave", dijo hace poco el ex presidente soviético Mijaíl Gorbachov.

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