JORGE SAVIA
Durante la estadía de Peñarol en el Hotel Carlos Gardel de Tacuarembó, donde el restaurante se llama "El zorzal criollo" y los baños de hombres se individualizan con el cartelito de "malevos" mientras que el de la damas se distingue con el de "percantas", Luis Garisto —tanguero de ley— se alojó en la habitación 109, que lleva el nombre de "Adiós muchachos", mientras que en la 117, denominada "Guitarra Mía", estuvieron el "Indio" Walter Olivera y el Prof. Aníbal Matonte.
"GUITARRA MIA"
Podría pensarse, entonces, que después hubo una cierta correlación de hechos entre esta parte meramente anecdótica y lo que ocurrió en el Estadio "Raúl Goyenola", porque durante el partido, el que se paró al lado de la cancha, al rayo del sol, y "agarró la guitarra" para impartir órdenes —obviamente nacidas de boca del técnico— fue el "Indio", mientras que el entrenador se mantuvo sentado en el banco de suplentes, a la sombra, y recién se paró para hacer algunas señas inquietas cuando su equipo ya ganaba 3-1 y la cuestión fundamental pasaba por asegurar la victoria.
"CAMINITO"
Quizá con el que también pudo suceder algo similar fue con el Dr. Alfredo Rienzi, que ocupó la habitación 106, llamada "Caminito", en compañía del kinesiólogo, Germinal López: en acuerdo con el Prof. Matonte, el doctor diagramó un retorno a Montevideo que tuvo prioritariamente en cuenta la rápida recuperación de hidratos de carbono por parte de los jugadores; de tal forma los aurinegros partieron directamente desde el Estadio "Raúl Goyenola" y fueron alimentándose en base a harina (hidratos de carbono) con los sandwiches de jamón y queso que les fueron servidos en el ómnibus que los llevó a Los Aromos. Allí los futbolistas cenaron pasta (harinas), pernoctaron, y quedaron libres ayer antes del mediodía, pero después de haber realizado un movimiento que tuvo por finalidad eliminar el ácido láctico acumulado durante el partido y el viaje posterior al debut triunfal en el Torneo Clausura.
TANGO
Lo real es que, más allá de una serie de carencias o errores, Peñarol "sacó las castañas del fuego" en un partido que se le tornaba complicado hasta el segundo gol del "Betito" Acosta. Y metió 4 goles. En una palabra: jugando a ritmo de tango (el 2 x 4), que es lo que al técnico no le gusta, aunque en esta ocasión el entrenador hizo notar que el partido se disputó con lo que después se supo fueron 45 grados de sensación térmica, ya que había 41 y 6 décimas de temperatura, Peñarol fue otro. Adentro de la cancha —donde a los 24’ del segundo tiempo el árbitro decidió espontáneamente detener el partido para que los 22 jugadores pudieran refrescarse, al igual que lo hizo el propio Roberto Silvera con sus tres colaboradores— y afuera, donde la presencia mancomunada en el palco de Víctor Cabrera, Nelson Marturet, el Esc. Edgard Welker y el Cr. Gervasio Gedanke, lo mostró mejor acompañado, y no tan solo como cuando salía a jugar al interior en años anteriores.