La mesa quedó servida

| Hacía 25 años que el estadio olimareño no contaba con una concurrencia de 4.500 espectadores

T. Y TRES I RAUL TAVANI

Las selecciones de Treinta y Tres y Artigas empataron 1 a 1 en un encuentro que tuvo alternativas cambiantes.

Los rojos locales, soportaron varios contratiempos, ya que a 11’ el delantero Víctor Ruvira, figura importantísima en el equipo de Villarreal, se lesionó y tuvo que ser sustituido. Pero, para colmo de males, ocho minutos después, a los 19’, también se lesionó Diego Graví y el técnico se vio obligado a quemar otra variante.

Entonces, recién promediando la primera etapa, los locales pudieron asentarse en la cancha y fue cuando comenzaron a apretar en el medio de la cancha y llevaron a los artiguenses sobre su propio arco. Planteadas así las acciones, no llamó la atención que sobre los 31’ un cabezazo de Fernando Gómez se fuera apenas desviado, perdiendo los rojos una buena posibilidad de convertir y poco después, a los 36’ un remate de Manuel Cossio se estrelló en el horizontal del arco defendido por Dos Santos y en el rebote el cabezazo de Goldaracena fue contenido por el arquero artiguense.

En el segundo tiempo, a los 21’ Martín Castillo cobró una falta desde un costado de la cancha y su remate sorprendió a Dos Santos y se metió en el arco. La apertura fue premio para el mejor accionar rojo, que superándose de todos los inconvenientes sufridos, dominó y consiguió su objetivo abrir el tanteador.

Pero, indudablemente, la selección de Artigas tiene jugadores experientes, pese a su juventud, entonces, alcanzó que Sebastián Martínez se metiera más en el partido, que Germán Díaz se adelantara unos metros para ahogar en otro sector de la cancha y que Damián Paz se fuera sobre campo rival. Ahí cambió el trámite del juego, fue como si los dirigidos por José García Da Rosa despertaran de la siesta que se hicieron en el primer tiempo y parte del segundo. Entonces, recién ahí, cuando el rival "les mojó la oreja", se propusieron igualar y lo consiguieron a tan solo 6’ de haber recibido el gol en su arco.

De ahí en más, los rojos del Olimar no tuvieron más fuerza para ganarlo y Artigas se conformó, ya que de visita un punto no es mala cosa.

Indudablemente, más allá del partido y el empate registrado, fue una gran fiesta, gratificante para el fútbol del interior y en especial para el de Treinta y Tres, ya que después de 25 años, el Estadio Centro Empleados de Comercio vio sus tribunas colmadas con 4.500 espectadores.

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