Jorge Savia
Camino a Sydney, durante la vigilia misma del segundo partido por el repechaje con Australia, y más aun al regreso con las valijas cargadas por la frustración de la eliminación del Mundial de Alemania, surgieron desde distintos niveles de la AUF voces que al menos plantearon (no oficialmente, pero sí en forma pública y clara) la interrogante de por qué no encarar por primera vez en la vida —con designación y/o confirmación de técnico incluida— una planificación del trabajo de la selección "a 4 años".
Tan fue así que, como aquella intención dejaba toda la sensación de involucrar a una reelección de Fossati, antes de irse por 6 meses a Qatar, el propio entrenador admitió que Figueredo le había tocado el tema, aunque aclaró que eso no significaba que iba a tener reservado el cargo hasta su retorno.
Sin embargo, un buen día, primero como si fuese una suave y tímida brisa capaz de aliviar el calor de una jornada de verano, y últimamente con la fuerza repentina de una sudestada, nació una corriente apuntando que el preferido y aconsejado por el mismísimo presidente de la AUF es el maestro Tabárez.
Sin entrar a considerar, y mucho menos comparar, el peso de las candidaturas de los técnicos mencionados, sino apuntando pura y exclusivamente al recorrido de las ideas, es notorio que "algo sucedió camino del Foro".
En otras palabras: hubo un cambio. ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Cuándo? Como en todo este tiempo la selección no entrenó, no jugó, ni clasificó ni quedó eliminada, no hay instrumentos futbolísticos para responder la interrogante, que si acaso podría resumirse en una sola pregunta: ¿Dónde está el gato? Porque rompe los ojos que por algo o alguien, de arriba o de afuera, está encerrado.