El temple de una estrella de TV

| La estrella de la TV brasileña estuvo en el Festival de Cine de Punta del Este, presentó una película y enfrentó algunas eventualidades. En diálogo con El País, habló sobre su experiencia como productora y sus proyectos de trabajo para este año.

PUNTA DEL ESTE | MATIAS CASTRO

La intuición de Betty no falló el miércoles pasado. Había llegado el sábado al Festival de Cine de Punta del Este. Junto con Victoria Abril era la gran estrella invitada, la que se ocuparía de darle glamour y prestigio. Venía a presentar la película Bienes confiscados, del director Carlos Reichenbach, junto a Werner Schunemann (el pastor brasileño de Alma Mater). Llamó una vez a la organización, para verificar si los subtítulos electrónicos de su película estaban bien. Preguntó lo mismo un par de veces más, la última tres horas antes de la función en la que debía estar para presentarla frente al público.

A la hora pactada, 11 de la noche, Betty estaba presente. Cuarenta minutos después salía furiosa del palco. La función no comenzaba, el presentador, Leonardo Lorenzo, salió dos veces a escena para explicar que había un retraso técnico. A la tercera salida confesaron, junto a Luis Pereira, el coordinador del festival, que los subtítulos de la película estaban mal, que debían haberlos revisado a tiempo, pero no lo hicieron. A las 12 de la noche, se dispuso todo para retomar la función. Así y todo, Betty Faria, acostumbrada al trato que recibe una de las mayores estrellas de la televisión brasileña, con 28 películas, 33 series y varias obras de teatro a su espalda, volvió al escenario con su mejor sonrisa. Tomó el micrófono, y no funcionaba. Así que habló en voz alta, y riéndose dijo que estaba contenta de estar acá. Lorenzo le acercó otro micrófono, a lo que ella dijo que estaba segura de que el público podía ver la película sin subtítulos. La ovación no se hizo esperar. Ya era demasiado tarde para acompañar la función, así que Betty se retiró de la sala.

Esa tarde, mientras sospechaba que algo ocurriría con los problemáticos subtítulos, lucía amable y sonriente a la entrevista.

—¿Qué la llevó a producir y actuar en "Bienes confiscados"?

—El guión fue escrito hace cinco años, después de una cirugía cardíaca mayor que se le hizo a Carlos Reichenbach, el director. Mientras estaba en el hospital, comenzó a contarme sobre esa historia. Ahí decidimos hacerla. Yo entré como coproductora, junto a Sarah Silveira, una productora muy conocida en Brasil que ha trabajado con Reichenbach. Yo trabajé hasta el final del rodaje, pero luego no pude continuar como coproductora porque ellos están instalados en San Pablo y yo en Río de Janeiro.

—Usted ha hablado de que esta es una película premonitoria.

—Yo le tengo mucho cariño. Creo que es casi una premonición porque habla de asuntos de corrupción política, que años después (la película es de 2004) se cumplieron con todos los escándalos que rodearon a Lula.

—¿Esta ha sido su única experiencia como productora?

—Ahora estoy produciendo una obra de teatro, donde voy a cantar nuevamente. Eso en la escena, en cine esta es mi primera vez. Hace muchos años hice un trabajo de producción ejecutiva para Nelson Pereira Dos Santos. Creo que conocer el trabajo de producción es una experiencia muy valiosa para los actores. Los actores, luego de esto, cambian su manera de ser a la hora de ir al escenario. Esa cosa de ser estrella, se queda atrás.

—¿De qué se trata la serie de televisión "América", que filmó el año pasado?

—Es una historia muy interesante, que me dio mucho conocimiento de la vida del inmigrante ilegal brasileño que viaja a Miami. Yo hacía una mafiosa, Djanira Pimenta, muy poderosa que vivía en Miami y ganaba mucho dinero con estos negocios. Tenía apariciones esporádicas, y siempre se la temía porque aparecía poco, pero cuando lo hacía, era muy peligrosa. Originalmente el personaje iba a ser un hombre, pero a Jaime Monjardim, uno de los directores, se le ocurrió cambiarle de sexo inspirado en una persona real que vivía en Miami. Monjardim, me enviaba libros, entrevistas y materiales para preparar el personaje. Abrió una puerta en mi cabeza. No puedes imaginar lo que ocurre en esa travesía de inmigrantes, solo para cruzar el país e ir a vivir a Miami.

—¿Le había pasado algo así con otros papeles?

—Siempre. Me pasó con Bye Bye Brasil, donde descubrí cosas de la Amazonia, aprendí a manejar armas. Cada personaje te da algo diferente en ese sentido.

—¿Se ha sentido alejada de la realidad cotidiana por el hecho de ser una figura de la televisión?

—Muchas veces. Pero siempre tuve una fuerza que me bajaba a tierra en mis hijos. La necesidad de criar yo misma a mis hijos me hacía pensar en que tenía que trabajar y nada más.

—Ya que mencionó a "Bye Bye Brasil", muchos dicen que es uno de sus mejores papeles, junto con "A estrela sobe" (Bruno Barreto, 1975). ¿Qué le parece esto?

—Romance da empregada (Bruno Barreto, 1987) fue el que más me gustó. Bye Bye fue más importante, más conocida. También me gusta mucho Angel de Arrabal, la otra que hice con Reichenbach.

—¿Con qué se ha sentido más satisfecha, con sus trabajos para cine, televisión o teatro?

—Me gusta mucho, pero mucho, trabajar en televisión. El cine da otra oportunidad, diferente, para concentrarse en cada escena que se hace y luego estrenar la película, que queda. En cambio la televisión se va, se emite y pasa. En el teatro me siento bien cuando actúo, hasta que empieza la obra yo sufro, espero y tengo pocas ganas de trabajar. Si la obra empieza a las nueve, yo a las seis estoy cansada del día y recién cuando llega la hora recupero mis energías.

—¿Ya no trabaja más bajo un contrato de exclusividad con Globo?

—Tuve durante muchos años uno, ahora estoy libre. Un contrato es muy cómodo, tienes dinero y trabajo, es maravilloso. Pero no puedes hacer otra cosa. A mi me gustaría mucho tener un contrato de trabajo con un personaje, es decir, no quiero volver a estar un tiempo sin trabajar y con contrato. Ahora lo que ocurre es que Globo tiene a todos los actores porque tienen mucho miedo de TV Record, que está financiada por la Iglesia Evangélica. Record acaba de ganarle la audiencia del horario central a la telenovela de la Globo.

—¿Qué trabajos tiene proyectados para este año?

—Voy a filmar una película de Hugo Cardona, La casa de Madre Ruana, que empezaremos en abril. Estoy preparando una obra de teatro de Domingos de Oliveira, Solo depende de usted, que él va a dirigir. También tengo planes de hacer un show donde cante y cuente historias que tengo ganas de escribir. Tengo un público muy grande en Brasil para estas propuestas. En cuanto a producir es más difícil, viviendo en Río de Janeiro, porque no me puedo encargar de cosas que se hagan en otras ciudades, como lo que me ocurrió con Bienes confiscados.

Drama político

En Bienes confiscados Betty Faria interpreta a una enfermera, ex amante de un poderoso senador, que se tiene que hacer cargo de su hijo bastardo.

La película comienza sugestivamente con el suicidio de la amante del senador, a raíz de una serie de denuncias por corrupción y tráfico de influencias.

Serena, el personaje de Betty Faria, se va con el adolescente a una localidad balnearia al sur del país, donde conoce al personaje que interpreta Werner Schunemann (el pastor de Alma Mater), el casero del sitio.

Carlos Reichenbach (Porto Alegre, 1945), el director, comentó en una entrevista que esta película está junto con otras suyas que se distinguen por el tono intimista con toques de melodrama social y realismo exacerbado, como O paraíso proibido y Angel de Arrabal, también protagonizada por Betty.

"En estas películas no hay un espacio muy abierto para la ruptura formal, al contrario, son films ‘concebidos en el papel’, de construcción anticipada muy sólida, y donde el concepto de dirección está más cercano a la idea de regencia", afirmó.

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