En estos últimos días se ha puesto nuevamente sobre el tapete la cuestión de la enseñanza del inglés en la educación secundaria.
La decisión de las autoridades de fijar una carga horaria de la materia que unifica la de los diversos programas vigentes generó una polémica, existiendo sobre el punto visiones encontradas entre los docentes de la materia y las autoridades. Las visiones difieren en su fundamentación. Mientras unas parecen estar inspiradas en motivaciones más "administrativas" —cómo hacer para que en determinada cantidad de horas tengan cabida un número determinado de asignaturas—; la visión de los docentes parece fundarse primariamente en asegurar sus fuentes de trabajo.
La discusión por tanto se aleja del punto que, al menos a nuestro entender, debería ser el centro de la cuestión. El conocimiento del idioma inglés es en el mundo moderno una herramienta imprescindible. Tanto lo es desde el punto de vista de la persona individual para acceder a determinados trabajos, como lo es también para cualquier nación que no se resigne a cumplir un papel periférico en el mundo. Indudablemente, que la generalidad de la población domine el inglés no es condición suficiente para ello, pero sí necesaria.
Lo anterior está inescindiblemente vinculado al desarrollo del sector de los servicios que hoy ya nadie discute es una importantísima fuente de empleos y de riqueza; siendo esto pacíficamente aceptado hasta por quienes durante decenios basaron su prédica en el retorno a una suerte de Arcadia pastoril y autárquica que se mantendría al margen del resto de las naciones.
Si en lo discursivo aún perdura tal visión, en los hechos se apuesta a lo contrario. No otra cosa demuestra el impulso que se pretende dar a la industria cultural; al turismo, a la ciencia y a la tecnología; y al aprovechamiento de la posición geográfica del Uruguay como puerta de entrada a la región.
Han sido los hechos los que han demostrado que no hay mayor empleador que el sector servicios, alcanzando para ello advertir que los mayores patronos en nuestro país son algunas sociedades médicas y los centros comerciales. Solamente retrotrayéndonos casi seis décadas podríamos encontrar emprendimientos fabriles con similares niveles de ocupación.
Por otra parte, el mundo de la ciencia, la tecnología y la innovación requiere personas en condiciones de poder interactuar con sus pares y patronos que están en otras partes del mundo y para ello que ello sea posible es menester dominar la "lengua franca" del presente que es el inglés.
Siendo incontrovertible lo expresado anteriormente, es razonable suponer que el sistema educativo público y privado, pero especialmente el público, debería poner el acento en procurar atender las necesidades que tendrán los educados en su vida, debiéndose centrar el esfuerzo que realiza la sociedad y que en gran medida administran las autoridades del Codicen en formar jóvenes con las habilidades necesarias e imprescindibles para desenvolverse en el mundo moderno.
A nadie escapa que es sumamente discutible la perentoriedad de dedicar ingentes esfuerzos a escudriñar el pasado cercano, elaborar nuevos textos y dictar cursillos a maestros y profesores sobre la cuestión. Si siempre en Historia conviene dejar que pase el tiempo para estudiar los hechos en perspectiva es más necesario cuando hay pasiones partidarias de por medio. Lamentablemente no percibimos la misma preocupación respecto a otras disciplinas; o si la percibimos diluida en una casi infinita cantidad de comisiones, grupos de estudio e instancias que en algún tiempo (¿años tal vez?) propondrán los correctivos pertinentes.
Mientras todo esto sucede crece la brecha entre el sistema público y el privado; y la igualdad de oportunidades es cada vez más utopía que realidad.