Luego del cierre obligatorio por licencia del personal, reabro hoy mi tienda de variedades contándoles algunas cosas que integraron mi repertorio vacacional. (Como verán, durante mi ausencia mejoré en la rima).
En la sucesión de días perversos con que se despachó este agonizante enero, no tuve mayores facilidades de maniobra. Es verdad que no hago playa, porque ya están todas hechas, pero aspiraba a disfrutar de ciertas expansiones al aire libre: paseos cortos en jornadas largas y luminosas, para renovar el paisaje de la vereda de enfrente. Pero, en este querido Uruguay, el aire libre se ha dislocado: es aire libertino, y se permite excesos que obligan a modificar planes sobre el pucho, de forma tal que aquel que programe un pic-nic en el Arroyo Solís terminará en un cine, escapándole a un otoño avanzado con lluvias, chubascos, vientos, temperaturas bajas y hasta una despistada granizada. Me pregunto si el nuevo gobierno, cuando antes de asumir anunciaba frecuentemente "tiempo de cambios", no habrá querido decir "cambios de tiempo", una característica que viene enloqueciendo a nuestros meteorólogos.
Por esas habituales alteraciones del clima, debí refugiarme más de una vez en el cine: con pilot y paraguas marché a compadecerme del pobrecito OLIVER TWIST, que reapareció en la pantalla dirigido por el tercer polaco genial, después de Goyeneche y Chopin: Roman Polansky, quien sin piedad me metió en el sombrío mundo del malvado Fagin y me hizo llorar como hace... qué sé yo cuánto... desde cuando leía a Dickens y gemía cual cantaor flamenco. Me entristecí más aun, al pensar que las mismas escenas pueden ser todavía peores en la Colonia Berro.
Sobre parecido tema, sentí una reacción estimulante dos o tres días después cuando —de locatario, en el hogar— el video de "Los coristas" (excelente película belga) me demostró que para domesticar a los adolescentes difíciles, el canto coral ha de servir mejor que sacarlos a pasear en auto, como alguna vez lo hicieron aquí una ministra y un senador.
Casi enseguida, en una nochecita fresca de más llegué al Casablanca para gozar de las melodías de Cole Porter en "De-Lovely", como disfruté hace sesenta años con "Noche y día" de Cary Grant.
Quedé en deuda con KING-KONG, el gran gorila enamorado que, para Bush, será un terrorista que estrenó los ataques a Nueva York, pero que para la revista italiana "Panorama" ha resultado ser, a través de una encuesta popular, EL HOMBRE DEL AÑO 2005... porque tiene todo lo que ellas anhelan: es fuerte, sensible, cariñoso, y es el típico macho alfa que tanto conquista a las mujeres del mundo. Muchas italianas confesaron haber llorado cuando el gigante fue asesinado, y les hubiese gustado que la chica se quedara en la isla con King-Kong. Sin duda, con tantos atributos del simio, se habría divertido muchísimo.