Deserción en ANEP

En las últimas semanas se conocieron cifras oficiales que confirman lo que ya sabemos: el principal problema del sistema educativo uruguayo no es conseguir que la gente ingrese a las aulas (como ocurre en varios países con pobreza y crecimiento demográfico) sino conseguir que quienes han ingresado no abandonen a mitad de camino. Dicho de otro modo, nuestro principal problema es la deserción escolar.

Los uruguayos sabemos esto y también sabemos cuál es el punto crítico: se trata de la educación media, es decir, de la enseñanza secundaria y la ex UTU. Pero donde parecería que nos falta claridad es en la percepción de las causas: ¿por qué se produce una sangría tan tremenda en la enseñanza media, si nada semejante ocurre en la enseñanza primaria?

Las respuestas que se dan desde dentro del sistema educativo suelen colocar las causas fuera de las aulas. Así, por ejemplo, el presidente del gremio de funcionarios de UTU declaraba recientemente que el abandono se debe a la pobreza de los hogares y a la falta de recursos del sistema. Si los estudiantes desertan, esto se debe a factores que están fuera del alcance de los educadores. Pero estas respuestas son insatisfactorias, al menos por dos razones.

En primer lugar lo son porque esquivan el problema. Por supuesto que la pobreza influye negativamente sobre la permanencia de los alumnos. Pero dado que no podemos aspirar a eliminarla de inmediato, la pregunta es qué podemos hacer para que la deserción se reduzca en estas condiciones. Las respuestas que surgen desde el sistema se parecen a la de un médico que nos dijera que no puede curarnos porque estamos siendo atacados por una bacteria. Desde luego que lo estamos. Justamente por eso lo llamamos. Refugiarse en la apelación a una variable exógena es negarse a combatir el problema.

En segundo lugar, la explicación corporativa de la deserción es insatisfactoria porque ignora los hechos: cuando los datos sobre abandono escolar son controlados por nivel de ingresos o por gasto educativo (es decir, cuando se analizan los números asumiendo que estos factores tienen el mismo impacto en todos los casos), el resultado es que Uruguay sigue teniendo las tasas de deserción más altas de la región. Todos los países de la zona están afectados por la pobreza y la escasez de recursos, pero en Uruguay esos factores "producen" más deserción que en otras partes.

¿Hay otra manera de ver el problema? Lo esencial para hacerlo es asumir que la deserción no es una patología que afecte a los usuarios sino al sistema educativo. No es que la gente sea irracional, sino que ya no encuentra en las aulas lo que está necesitando. ¿Por qué un chico de 15 años debería proponerse terminar bachillerato si no está en sus planes entrar a la Universidad y vive en un hogar que necesita urgentemente un nuevo ingreso? ¿Por qué lo va a hacer si en el liceo no va a aprender informática ni inglés en la medida necesaria para encontrar empleo en el sector servicios? ¿No es más racional que trate de conseguir dinero para inscribirse en una academia y sacar cuanto antes la libreta profesional?

Por supuesto que esto es un cálculo de corto plazo. Las decisiones que pueden conducirnos a tener rápidamente un empleo pueden ser también las decisiones que nos cierren muchos caminos futuros. Pero el punto es que hay muchísimos uruguayos que sólo pueden hacer cálculos de corto plazo. Si el sistema educativo no tiene en cuenta este dato y no crea caminos de ida y vuelta entre el mundo del estudio y el mundo del trabajo, no tiene derecho a culpar a quienes decidan desertar. El fracaso es del sistema, no de los usuarios.

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