"Ni inteligente ni cristiano"

QUE el 11 de setiembre de 2001 algo trascendente cambió la historia de la humanidad se sabrá por los siglos de los siglos. Y que Estados Unidos dejó de ser el país que era, por una reformulación muy severa de su política de seguridad, no es un secreto para nadie. Entre otros aspectos ello se manifiesta en el trato a la inmigración, en su rechazo a los "ilegales" al punto que se proyecta además de su expulsión por la fuerza, el levantamiento de un muro de 900 kilómetros a lo largo de toda su frontera con México. Comentando el hecho el Arzobispo de San Antonio (Texas) Monseñor José Gómez, de nacionalidad mexicana, hizo un profundo llamado a la reflexión en un artículo publicado en el periódico "El Pueblo Católico" de la Arquidiócesis de Denver, que ACI sintetiza en cable de información del 13 de enero y que merece ser difundido.

El Prelado descarta que la inmigración represente peligro alguno para la sociedad estadounidense, advirtiendo que esa actitud de rechazo no es inteligente ni cristiana. Al contrario, señala que la historia enseña que la mejor barrera contra la agresión son los puentes de intercambio y fraternidad, y que los muros, desde la Muralla China hasta la línea Maginot —y la síntesis de la información no menciona al muro de Berlín, cuyo recuerdo hubiera reforzado notablemente al argumento— lejos de solucionar problemas o tensiones, los han agudizado.

TREINTA y siete millones de hispanos o latinos, el 13.3% de la población del país, constituyen para el mismo un desafío. Ese volumen no tiene precedentes ni comparación con ninguna otra ola inmigratoria del pasado, lo que demuestra las dificultades para asimilar esta corriente y para su inserción adecuada en la sociedad que penetra sin exponer sus valores. Ello explica, pero no puede justificar el porqué de expresiones xenofóbicas que van del temor a lo nuevo (se ve en la laboriosidad hispana un riesgo para los puestos de trabajo) a otras de mayor peligrosidad porque son esencialmente agresivas.

Sin embargo, observa el Arzobispo transmitiendo el fiel reflejo de una realidad sociológica indiscutible, toda corriente inmigratoria ha marcado la identidad de los Estados Unidos. En otras palabras, es netamente un país de inmigrantes que se ha ido construyendo en la tensión de la resistencia de los que ya estaban para los que iban llegando. Sin embargo hoy, por las razones conocidas, esa resistencia es intelectual y políticamente más sofisticada y da la espalda a la realidad en cuanto ve a los hispanos como enemigos de esa identidad y de los logros que hicieron del país la primera potencia del mundo. Hay una especie de sensación de amenaza que divide a la sociedad estadounidense según su intensidad, entre quienes entienden que los inmigrantes deben ser rechazados y devueltos a sus países de origen, o que deberían vivir aislados porque no respetan la estructura católica del país, o que serían acreedores simplemente a una asistencia social, y sólo una minoría entiende que deben ser asimilados y que su integración respetuosa beneficiará a la nación y a la Iglesia.

LO de "América para los americanos", a criterio del Arzobispo, no refleja la realidad histórica porque los inmigrantes agrandan el pastel económico del país, crean salud, le aportan ideas, energías y favorecen su competitividad. Y además, toman el trabajo que nadie quiere. Y la economía estadounidense en buena parte depende de ese trabajo de millones de inmigrantes indocumentados, muchos de ellos de América Latina. Entonces, si Estados Unidos necesita trabajadores y esos inmigrantes quieren trabajar, lo lógico es extenderles una protección razonable bajo la ley. Así, la legalización, lejos de dañar la seguridad nacional, permitiría al gobierno norteamericano controlar al inmigrante a sabiendas de por qué y para qué está en el país. Eso no significa recompensar a infractores ni perjudicar a quienes están esperando en las líneas de llegada para recibir sus visas. La informalidad es la consecuencia de la falta de un sistema sencillo y ágil para otorgar visas de trabajo para oficios manuales. Si se les diera esa oportunidad para legalizar su situación, entiende el Arzobispo que lo harían de inmediato.

En el artículo que estamos glosando también se le recuerda a Bush que fue Gobernador de Texas por abrumadora mayoría de votos, rescatando casi íntegramente al voto hispano, y que el actual endurecimiento de su política federal es la consecuencia de la influencia de quienes le rodean. Y se concluye en que es demasiado el lujo que significa económica, social y políticamente, el chauvinismo que está en el trasfondo de muchas críticas al trabajo indocumentado, porque guste o no, el mundo se está volviendo pequeño.

EN síntesis, el pronóstico es que Estados Unidos y América Latina caerán o crecerán juntos, y el pedido a los cristianos es el de saber encontrar la línea, que aún delgada, existe y separa una preocupación justa por la seguridad nacional, del trato injusto al recién llegado. Es que no se puede llamar hombres y mujeres de fe a nadie que guarde prejuicios contra sus hermanos que vienen de lejos cargados de pobreza en la búsqueda de una esperanza.

Es este un mensaje tan novedoso, como impactante y conmovedor, y somos todos aquellos a quienes no se nos debería dificultar tanto entender y vivir, la legión de sus destinatarios.

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