Según el diccionario, un galán es alguien de buen semblante y airoso en el manejo de su persona. Después se agrega allí otra acepción que es una joya del arcaísmo, al decir que un galán es quien hace en teatro "alguno de los principales papeles serios, con exclusión del de barba". Para el público de cine, un galán ha sido siempre un buen mozo capaz de conquistar a la heroína mientras seducía de lejos a las espectadoras, condición que la gente ha reconocido a través de generaciones en ejemplares mudos (Rudolph Valentino, Ramón Novarro, John Gilbert) y sonoros (Clark Gable, Tyrone Power, Gary Cooper). Ahora todos ellos están en los cielos, pero hicieron escuela porque en etapas posteriores a su reinado desfilaron otros colegas de parecido linaje (Robert Redford, Richard Burton, Ryan O’Neal).
Desde entonces han cambiado muchas cosas, pero la especie no se extinguió. Informes muy recientes señalan que el irlandés Colin Farrell protagoniza El Nuevo Mundo, una superproducción dirigida por Terrence Malick sobre la llegada de los colonizadores ingleses a América del Norte en el siglo XVII. La elección de Farrell no es un hecho inesperado, porque su carrera está en pleno ascenso y en los últimos meses hasta viajó por unos días al Uruguay para filmar escenas de Vicio en Miami. Lo que en todo caso puede discutirse es su capacidad para encargarse de un personaje heroico como el de El Nuevo Mundo, ya que por motivos ajenos al talento existen galanes aptos para encarnar a figurar épicas (como Charlton Heston o Burt Lancaster) y otros inadecuados para ese compromiso, como quedó demostrado en el caso de Farrell con su caracterización de Alejandro Magno, que fue una experiencia penosa.
Pero la categoría de galán existe y explica la designación de Farrell para ciertos papeles, como explica también la de Brad Pitt o Ben Affleck por razones vinculadas a la envoltura física y no a la capacidad artística. Ocurre a menudo que un galán no es un actor destacado sino más bien lo contrario, pero las normas del cine industrial —y luego las de la televisión— establecen que los papeles protagónicos deben estar a cargo de gente bella, condición que rige para las mujeres y también para los hombres. Sólo eso sacraliza el cartel y la cotización de individuos como Farrell, Pitt o Affleck.
No son los únicos. Otros colegas que también han sido galanes (Harrison Ford, Pierce Brosnan) o que siguen siéndolo (Keanu Reeves, Tom Cruise, Hugh Grant) deben agradecer a su linda cara el privilegio de tener una gran carrera, aunque existan excepciones que confirman la regla con casos como el de George Clooney, un hombre capaz de mostrar en su nuevo desempeño como director los rasgos de sagacidad, intención, valentía y compromiso que se notan menos en sus labores de actuación. Al margen de esas diferencias, los galanes han tenido en cine más éxito, más ganancias y más popularidad que cualquier otra categoría, con excepción de Chaplin. Es que la gente quiere fantasear con imágenes ideales y por lo tanto algún sector del público ha soñado con Greta Garbo mientras otro lo hacía con Robert Taylor. En la actualidad hay que conformarse con Julia Roberts y —qué más remedio—con Colin Farrell. Ya vendrán tiempos mejores.