Un drama de la condición Femenina

| El realizador de "Chicago" ante un nuevo desafío con un tema japonés muy típico

FORMACION. Mucho más que una simple cortesana: el aprendizaje de un antiguo arte (Ziyi Zhang ensaya un baile) 200x140
FORMACION. Mucho más que una simple cortesana: el aprendizaje de un antiguo arte (Ziyi Zhang ensaya un baile)

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The New York Times

Hay un camino muy largo desde Chicago hasta Japón y Rob Marshall no estaba seguro de querer hacer el viaje. Al final se necesitaron unas cuantas botellas de sake para convencer al director de que la película que debería hacer después de Chicago (2002), galardonada con el Oscar, era Memorias de una geisha, basada en la exitosa novela de Arthur Golden, que se estrena el próximo viernes en Montevideo.

"Los productores llamaron y me dijeron que pensaban que estaba perfectamente en mi línea," recuerda Marshall. "Yo estaba en medio del alboroto causado por Chicago, así que no respondí de inmediato. Ellos siguieron enviándome sake y hermosas litografías antiguas de geishas, cosa que era un poco difícil de pasar por alto. Finalmente leí el guión y me di cuenta de que Memorias de una geisha era lo que yo necesitaba, una oportunidad de trabajar en un lienzo totalmente diferente ... algo que me asustaba, algo que sería el reto de la vida, como resultó serlo".

Marshall se integró en reemplazo de Steven Spielberg, quien había dejado ese proyecto en favor de su próxima Munich. Su primer problema fue entender el misterioso y exótico mundo de las geishas.

"No es fácil explicar lo que es una geisha," dice Marshall, "porque no hay un verdadero equivalente occidental. El gran error que ha perdurado es que las geishas proporcionan favores sexuales. Creo que eso sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchas prostitutas se pusieron maquillaje blanco y kimono y se hicieron llamar geishas. Los soldados decían: ‘Miren, me conseguí una geisha’."

ARTISTAS. "Pero la verdad es que ‘geisha’ significa artista", aclara. "Son artistas altamente capacitadas. En la película hay una maravillosa trama respecto de que una geisha es como una obra de arte en movimiento. Ellas tienen que aprender de todo, desde música y danza, hasta el arte de conversar con los hombres."

La heroína de Memorias de una geisha es una muchacha a la que separan de su familia y venden de sirvienta en una casa de geishas. Ella resiste las dificultades y, al ir creciendo, se transforma en Sayuri, una legendaria geisha.

A pesar de su incomparable belleza y talento, Sayuri se enfrenta a la traición de su principal rival, la sensual y despiadada Hatsumomo. Y, aunque Sayuri tiene éxito y es adorada por los hombres, vive acosada por el amor secreto que siente por un hombre que está fuera de su alcance.

Marshall se sumergió en el mundo de Sayuri y, con su equipo cinematográfico, viajó a Kioto para observar a las aprendices de geisha aplicarse su maquillaje y trajes característicos. También asistió a las veladas de entretenimiento de geishas en la famosa casa de té Ichiriki. Pero fue en un teatro, en el distrito de geishas, donde el director de pronto se dio cuenta de que Chicago y Memorias de una geisha tenían algo en común.

"Nos estaban mostrando un elevador en el que los actores suben al escenario," recuerda, "y eso me recordó a Catherine Zeta-Jones como Velma Kelly surgiendo del piso y cantando All That Jazz en Chicago. Y pensé: ‘iUn momento! Otra vez estoy haciendo una película sobre mujeres rivales en el negocio del espectáculo’."

Encontrar a la actriz que encarnaría a Sayuri fue intimidante, agrega.

"Buscamos por todo el mundo," dice Marshall. "Las demandas eran enormes, pues tenía que ser una excelente actriz, ser una belleza, hablar inglés y también saber bailar. Además tenía que aprender a ser una geisha en seis breves semanas, proceso que en el mundo real lleva toda una vida. Por último, yo quería encontrar a alguien que tuviera ese espíritu que se ve en los ojos de Sayuri cada vez que supera un obstáculo.

Su decisión recayó en Ziyi Zhang, actriz china conocida por sus proezas con los puños y la espada en películas de artes marciales como El tigre y el (2000) de Ang Lee y Héroe (2002) de Zhang Yimou.

"Ziyi simplemente lo tenía todo," dice Marshall. "Supe que ella podría darle vida a Sayuri en una forma que ninguna otra actriz que había hecho las pruebas hubiera podido. Su gracia como bailarina es sorprendente, en especial en la escena en la que hace su debut como geisha, actuando con unas sandalias de plataforma de 20 centímetros.

"Ziyi tenía algunas dudas, pero yo sabía que ella podría lograrlo".

Para interpretar a la geisha rival, Hatsumomo, Marshall eligió a la actriz china Gong-Li, y a Michelle Yeoh como la instructora de Sayuri, Mameha.

ACTRICES. Las tres mujeres principales de esta saga japonesa son chinas, hecho al que Marshall le resta importancia sacudiendo los hombros.

"Vi a muchas actrices en Japón," dice, "pero mi punto de partida era que la mejor persona debía obtener el papel. Recibí algunas críticas por poner a Queen Latifah como la matrona de la cárcel en Chicago, pues la gente decía que no habría sido negra. Yo sólo pensé que ella daba el personaje. En Memorias de una geisha la cosa era si una actriz nos haría creer que era una geisha, no de qué país era originaria."

Para dominar el camino de las geishas, al menos lo necesario para efectos de la película, las tres actrices principales, junto con las demás que interpretaban geishas, participaron en un "campamento de entrenamiento de geishas.

"Ese fue el término informal que usamos," dice Marshall. "Básicamente fueron seis semanas de ensayos para aprender todas las habilidades. Fue todo un reto. Había una sala de baile, y una sala en la que nuestra experta en geishas las enseñaba a caminar y a sentarse en el kimono. Además teníamos clases de maquillaje y peinado. Y finalmente tuvieron que aprender a tocar el shamisen, que es un instrumento japonés de tres cuerdas."

Mientras tanto, todos los actores perfeccionaban su inglés.

"Tener a cinco de los principales actores en su debut en inglés fue un gran reto y al mismo tiempo muy emocionante," dice Marshall sonriendo. "Trabajaron increíblemente. Aunque sus nombres quizá no sean muy conocidos en Estados Unidos, creo que el público quedará cautivado por su actuación. Estoy orgulloso de no haber salido con las mismas cinco o seis caras que vemos una y otra vez en la pantalla."

Después de un calendario de producción que fue todo un reto y que llevó al elenco de Japón a San Francisco, finalmente llegó el último día de filmación.

"Para nosotros fue muy difícil despedirnos," recuerda Marshall. "En especial Gong-Li se sumergió por completo en su personaje. Había veces en que ella no se movía, aunque hubiera gente colocando cables y equipo de iluminación alrededor de ella."

"Cuando terminamos de rodar, ella me llevó aparte y me preguntó si podría recorrer el escenario de la casa de geishas con ella, cuarto por cuarto," continúa. "Quería despedirse de su personaje. Fue increiblemente emotivo. No dijimos una palabra. Sólo nos tomamos de la mano y caminamos. Fue muy hermoso y conmovedor."

"Y cuando Ziyi vio la película por primera vez, dijo que no pudo dejar de llorar," agrega Marshall. "Creo que lloró por muchas razones. Para ella fue una película muy emotiva y difícil, y estaba dejando atrás lo que había vivido como Sayuri."

Al acercarse el estreno de la película, en medio de rumores sobre el Oscar comparables a los que precedieron a Chicago en su camino al premio de la Academia a la mejor película, Marshall ya está viendo hacia el futuro. Admite tener dudas de encontrar otro proyecto que le despierte la misma pasión que sintió por Chicago y por Memorias de una geisha.

"Fueron dos años de mi vida," dice el cineasta, "así que sólo espero poder encontrar algo más en lo cual clavarme de cabeza y dejarme ir. Espero que por ahí haya otra historia que sea tan emocionante de narrar."

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