"Yo busco una cadencia"

| La escritora trabaja en México como narradora oral, hecho que incide sobre su sobria prosa

Un libro de ocho cuentos y 93 páginas editó Banda Oriental, para difundir a una autora joven, poco conocida, que nació en Uruguay, vive en México, es guionista de cine y televisión y está llena de inquietudes. La escritora, nacida en 1970, se llama Laura Santullo (es parienta de la fallecida actriz Maruja Santullo) y su publicación es El otro lado. Este trabajo, el primero de esta promisoria artista, ya fue editado en México por la Fundación Rulfo en 2004, y ahora integra la colección Lectores de Banda Oriental.

La autora tiene un pasado como actriz que curiosamente incide sobre su prosa. Entre 1989 y 1992 cursó la escuela de arte escénico de El Galpón, de donde es egresada. Luego, a mediados de los ’90 marchó a México, desarrollando allí una intensa actividad como narradora oral, en restaurantes, ferias de libros y museos.

"La experiencia del teatro me marcó primero que nada como persona: aprendí otra forma de observar las cosas y también de mirarme a mí misma. Así empecé a gestar un punto de vista y la necesidad de expresarlo. En cuanto a los vínculos entre teatro y literatura, mi sensación es que de alguna forma sigo en lo mismo, tratando de contar historias, tratando de entender y retratar lo que me rodea, tratando de emocionar y emocionarme. El asunto es parecido, lo que cambia sustancialmente es el instrumento, no la intención".

Desde ese lugar surge El otro lado, una serie de relatos breves, de escritura sobria, cuidadosa, de gran economía de recursos y remates sorpresivos, en los que el lector se encuentra ante una inesperada vuelta de tuerca. Ellos nacen, sin embargo, más de una sensación que de un tema concreto. "No pienso en un tema antes de ponerme a escribir. En todo caso pienso en términos de historias, de anécdotas, tal vez de personajes, aunque supongo que ciertas inquietudes están siempre presentes, lo quiera yo o no, en lo que a fin de cuentas sale: la justicia, la culpa, la muerte, el sentido de la vida o la ausencia de sentido", afirma. "En general —continúa la escritora— antes de llegar al papel —o a la computadora, para ser más exactos— pienso mucho lo que voy a escribir, toda la trama a ser posible o al menos los puntos fundamentales que me conducirán del principio al final, de modo que suelo saber bastante sobre la historia antes de elegir las palabras definitivas. La construyo adentro de la cabeza, me la cuento a mí misma, invento diálogos, incluso en ocasiones cuento a otras personas fragmentos o la síntesis de lo que ando inventando".

Luego, a la hora de cocinar el estilo, los aspectos fónicos pasan a ocupar un lugar primordial. "Me importa cómo suenan las palabras, una junto a otra, incluso mientras reviso lo que escribo suelo leerlo en voz alta, busco una cadencia particular, cuando la escucho, cuando me gusta, siento que he logrado escribir aquello como quería. De cualquier manera, no he escrito muchas cosas todavía, de modo que sea lo que sea mi prosa, creo que aún está en construcción."

Consultada Santullo sobre cuál es su cuento favorito entre todos los que integran el volumen, ella contesta: "Gustar, me gustan todos, por distintas razones. Uno porque me resulta emotivo, otro por extraño, otro porque me hace recordar alguna cosa... no sé, no podría elegir. Es como con los hijos, supongo, porque soy madre de uno solo, pero imagino que aunque uno tuviera preferencias entre ellos no lo andaría ventilando por ahí, ¿no?"

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