JORGE ABBONDANZA
Quienes conocen a Nidia Telles lo saben. La actriz no sólo dispone de un talento largamente ejercitado desde las tablas, sino que tiene además una estampa fuera de lo común. Su rostro muestra una configuración que parece diseñada para la escena, pero esa máscara —ojos verdes, boca poderosa, óvalo neto— redobla su seducción envuelta como está en la mata pelirroja de su melena. Al margen de esa batería, Nidia disfruta sabiamente con sus viajes, sobre todo si son viajes de trabajo, uno de los cuales (por Venezuela y España) acaba de concluir con un balance artístico que la ha dejado muy complacida.
Puede ser un placer adicional escucharla contar las experiencias de ese itinerario, porque sabe hablar con soltura y con gracia, como corresponde a una descendiente de portugueses. Entonces relata que la gira empezó en una ciudad venezolana llamada Barcelona, donde ella figuró en medio del Festival de Oriente y obtuvo una notable respuesta del público. Se sorprende de lo espontánea que suele ser una platea venezolana, donde hay animación y bullicio pero también una actitud sensitiva que se delata en la inmediatez de las reacciones. Lo que Nidia hizo allí fue El país de las maravillas junto a Gabriel Hermano (apellido tramposo, porque en la obra es su hijo), dirigidos por Omar Varela, que además es el autor del texto. El entusiasmo del público fue doble, ya que algunos venezolanos habían tenido en esos días cierto problema de visado que dificultaba su salida del país y el tema de la pieza es justamente la emigración. A la salida, mucha gente abordó a Nidia con más demostraciones de estima y de calidez. No siempre ocurre eso en una gira.
Europa. Después vino España. Allí el periplo comenzó en el Festival Iberoamericano de Cádiz, donde la viajera hizo por segunda vez su unipersonal Madame Curie (ya lo había mostrado hace un tiempo en ese mismo encuentro andaluz) dentro de un ciclo titulado Los Notables que reunía a unas pocas figuras. Después, a partir de un par de funciones en El Puerto de Santa María —que es un pueblo delicioso en la costa de la bahía gaditana— el grupo uruguayo retomó El país de las maravillas y lo llevó a la sala de la Universidad de León, cerca de la catedral de las maravillas, y volvió a tener una concurrencia formidable, "con un silencio de pura atención, cortado a veces por los chistidos de quienes no querían perder ni una palabra del diálogo".
Las cinco semanas de esa gira incluyeron después otros puntos de Castilla, como Cuenca, Almagro y Ciudad Real, lugares en los que Nidia pudo disfrutar de su interés por las artes plásticas con alguna muestra en los museos que completó los placeres del viaje. Su desplazamiento se cumplió junto a Gabriel y Omar, pero fue programado por el Celsit, una notable organización de alcance internacional capaz de coordinar sin una falla el calendario y los desplazamientos del terceto uruguayo, por los que veló la supervisora Elena Schaposnik, una argentina radicada en España. Con esos mismos respaldos Nidia ya comenzó a proyectar otra gira, que abarcaría más escalas en el norte de la península, aunque por el momento lo que corresponde es dejar constancia de las satisfacciones y aplausos que acompañaron esta reciente aventura, estimando de paso el aporte que ello supone para la divulgación del teatro uruguayo.