EDWARD PIÑON
Ganó Lugano y no la tricolor paulista. Al menos así lo sentimos los uruguayos que madrugamos para ver la final del Mundial de clubes.
Por culpa suya, en cada salida temperamental desde el fondo, en cada pelota dividida nos pegamos al televisor al grito de "¡vamos, Diego!". Por él, insultamos a viva voz a Fernando Morientes, luego que la TV mostró la agresión que le realizó. Festejamos sus triunfos en las batallas aéreas contra los ingleses más lungos y nos llenamos de orgullo cada vez que los periodistas argentinos elogiaron sus virtudes.
Ganó Lugano. Y con él todo Uruguay porque así lo transmitió el propio Diego al festejar el título con la bandera uruguaya en sus hombros, al recibir la medalla sin abandonar el emblema patrio y al hacer partícipes de su sentimiento a los compañeros que posaron junto a él en la tradicional foto del campeón.
Ganaste Diego. Ganamos todos.