Un clásico del cine fantástico revive con dimensiones épicas

| Críctia | Guillermo ZapiolaKING KONGDirector. Peter Jackson.Libreto. Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, sobre historia de Merian C. Cooper, Edgar Wallace.Fotografía. Andrew Lesnie.Música. James Newton Howard.Productores. Jan Blenkin, Carolynne Cunninghan, Peter Jackson, Fran Walsh.Elenco. Naomi Watts, Adrien Brody, Jack Black, Andy Serkis, Jamie Bell, Kyle Chandler, Lobo Chan, Thomas Kretschman, Ewan Parke, Colin Hanks.l Nueva Zelandia/Estados Unidos 2005.

Es un estupendo entretenimiento. Hay que hacer a un lado los prejuicios, olvidarse durante tres horas y siete minutos del cine de arte y ensayo que también importa, e ir a verlo.

Tras decir lo esencial, los detalles. Han pasado setenta y dos años, mucho cine y un enorme avance de los efectos especiales desde que Merian C. Cooper y Ernest Schoedsack realizaran su versión original de King Kong en 1933. En el medio hubo un hijo (El hijo de Kong, 1933) y una ‘semiremake’ (El gran gorila, 1949) a cargo de Schoedsack, una ‘remake’ producida por Dino De Laurentiis en 1976 que no era gran cosa pero no merecía los desprecios que se le dirigieron, y una secuela de esa última que debería haber sido en cambio aún más insultada de lo que fue en 1986. También hubo imitaciones japonesas en las que Kong intercambió algunos mamporros con Godzilla y otros monstruos bajo contrato de la empresa Toho.

REGRESO. El director de El señor de los anillos vuelve aquí sin embargo a las fuentes, y lo hace espléndidamente. Ubica la acción en su época original, se aplica a una esmerada recreación de escenarios y ambientes (desde los asentamientos de los desamparados y las ollas populares de la Gran Depresión hasta el mundillo del ‘vaudeville’) y hasta se permite una dosis de broma cinéfila, con alusiones a Maureen O’Sullivan y otras actrices, incluyendo Fay Wray "que está haciendo una película para RKO".

La deserción de ‘Maureen’ obliga a los personajes del film a decidirse por Naomi Watts, quien es sin duda uno de los puntos realmente altos del elenco, una actriz sensible capaz de otorgar a su Ann Darrow una dosis de complejidad y calidez. De su interacción con el otro gran intérprete del film (el propio Kong, moldeado por los especialistas en efectos especiales sobre los movimientos del actor Andy Serkis, quien realizara el mismo trabajo para el Gollum de El señor de los anillos y aquí encarna también, con su apariencia real, al cocinero Lumpy) Jackson obtiene una de las reales originalidades de una película en tantos aspectos fiel a su modelo. El sentimiento de Kong hacia su prisionera humana es menos un celoso enamoramiento que una relación de compinches, alimentada por el hecho de que esa enanita rubia lo divierte. Cuando el gorila está a punto de destruirla, Ann lo aplaca interpretando uno de sus números de ‘vaudeville’: es obvio que esa mujer tiene mucha "calle", y sabe cómo poner en su sitio a los hombres (o a sus antepasados en la escala zoológica). Pero al mismo tiempo comprende a su captor y trata de ayudarlo. Fay nunca hubiera hecho.

Ese componente de la anécdota que añade una legítima dimensión (melo)dramática constituye uno de los claros aciertos de Jackson y su equipo, pero no es el único. Querer ser fieles al original casi hasta extremos de homenaje acentuaba los riesgos de previsibilidad: básicamente, el espectador sabe casi todo lo que va a ocurrir. Pero aunque las grandes líneas de la historia son las que se espera que sean, los guionistas se las han arreglado para incorporar algunos giros en escenas puntuales (el destino de algunos personajes, algunas amenazas de la isla de la Calavera) lo bastante imprevisibles como para alimentar el interés. El lugar común en el género de una pelea con dinosaurios se complica y prolonga con caídas al precipicio y lianas milagrosamente salvadoras. Un ataque por parte de algunos de los insectos gigantes y otras criaturas que hacen de la isla de la Calavera el último lugar del mundo donde uno querría ir a pasar una vacaciones amplía una escena con arañas gigantes que fuera suprimida en la versión original por "demasiado terrorífica", y añade sobresaltos adicionales. De hecho, el diestro montaje paralelo de las dos acciones principales que se entrecruzan en la isla (Ann y Kong por un lado, la misión de rescate por otro) contribuye al disfrutable aire de "montaña rusa" o Tren Fantasma que anima todo el relato.

MATICES. ¿Objeciones? Dos o tres, sin importancia. Algo se ha perdido entre 1933 y 2005, pero eso no pueden resolverlo Peter Jackson ni nadie. El encanto ingenuo de la versión original se confunde con el de los grandes primitivos del cine: los decorados eran de cartón, y ni siquiera el genio del especialista en efectos especiales Willis O’Brien y su procedimiento de animación de muñecos cuadro por cuadro podía evitar los misteriosos cambios de tamaño de Kong, que a veces parecía medir ocho metros y al rato doce o quince. El King Kong de Schoedsack y Cooper resultaba disfrutable no "a pesar" de su imperfección técnica, sino gracias a ella, a la que debía en parte la sugestiva creación de un clima onírico. Hoy la técnica ha avanzado tanto que todo resulta mucho más realista, y acaso por eso mismo menos sorprendente.

Otro posible rezongo: ¿Jack Black como Carl Denham? Es un buen comediante, y funciona mientras tiene que dar el costado chanta de su personaje, pero su lado oscuro se le escapa. A primera vista podría pensarse que hay también un problema de ‘casting’ con Adrien Brody, pero el libreto lo ayuda convirtiendo a Jack Driscoll en un melancólico intelectual en lugar de un héroe de acción (es un escritor, no un marinero) que debe realizar acciones heroicas empujado por las circunstancias.

El último: ¿es demasiado larga? Sin duda ciento ochenta y siete minutos son muchos minutos, y algunas escenas pudieron suprimirse sin afectar demasiado el conjunto. Pero la duración tiene también sus ventajas: la posibilidad de insuflar cierto aliento épico, de contrastar el realismo neoyorkino del principio con las fantasías que vienen después, de dosificar un clima de inquietud y amenaza mediante las nieblas, la naturaleza sombría y los rugidos en la noche que anticipan la primera aparición de Kong (que, inteligentemente, demora en aparecer). Y si es cierto que la acción tarda un poco en arrancar, una vez que lo hace no cesa. Lo del principio: un pasatiempo espectacular de primer nivel.

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