París - De huracán en crisis política y de récord en récord, la espiral de los precios del petróleo zarandeó la economía mundial en 2005, obligando a productores y consumidores a intentar, siempre con retraso, adaptarse a los altibajos de ese crucial mercado.
Apenas si se recuerda ahora que el barril de "light sweet crude" cerró el año 2004, en Nueva York, a poco más de 43 dólares, contra los más de 60 de hoy.
Bogando entre los atentados en Arabia, las elecciones en Irán, las negociaciones sobre programas nucleares, la muerte del rey Fahd de Arabia, la insurrección en Irak o el caso Yukos, el barril derrumbó, uno tras otro, los topes que hasta ahora parecían como inimaginables.
La cima (70,85 dólares el barril) fue alcanzada el 30 de agosto, luego del paso del huracán Katrina y de los daños gigantescos que dejó en las instalaciones petroleras del Golfo de México, lo que resucitó el fantasma del tope histórico de 80 dólares (40 dólares de la época), durante el segundo choque petrolero.
El balance catastrófico de Katrina (más de 90% de la producción norteamericana de crudo en el Golfo de México, temporalmente detenida) permitió la entrada en escena de la Agencia Internacional de Energía (AIE), emanación de la OCDE, concebida en 1974 como contrapeso al poder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Durante la crisis, y actuando como un banco central, la AIE intervino masivamente para compensar el petróleo faltante, tomando dos millones de barriles por día (el consumo mundial es de 84 mbd) de las reservas estratégicas de sus países miembros. La maniobra surtió efecto, al punto que la AIE ha sido acusada de aprovechar el trance para manipular los precios y bajarlos.
Esta crisis con repercusiones mundiales ha terminado por evidenciar las fallas del mercado petrolero, ya perceptibles desde hacía dos años, y ha llevado a cada uno a hacer su mea culpa: los países consumidores, culpables de haber descuidado sus refinerías y los productores, de haber invertido poco.
Para el hombre común el choque fue brutal cuando los precios de la gasolina, el combustible de la calefacción y el gas subieron a su vez, provocando debates inflamados sobre las subvenciones, las ayudas a los más afectados o, sobre todo, el modo de consumo occidental y el desarrollo de energías alternativas.
Simon Wardell, analista de Global Insight en Londres, opina que, sin embargo, aún no se puede hablar de una toma de conciencia generalizada.
"El sistema funcionó casi en sus límites buena parte del año" y se salvó posiblemente debido a que la demanda petrolera finalmente fue menos fuerte de lo esperado en el segundo semestre, ya que China redujo su ritmo, subrayó.
Como quiera que se mire las potencias del mundo no pueden seguir ignorando los temas relacionados con el petróleo (crecimiento, inflación, desequilibrios comerciales), que ahora son platos de resistencia de todas las grandes reuniones del G7 y otros foros de gobernantes y ministros de Finanzas, que siguen intentando recuperar la iniciativa y limitar el daño en sus economías, sin gran éxito hasta ahora.
AFP