Afectos chocadores y accidentes evitables

Juan Miguel Petit

Todos los días se registran en el país cientos de accidentes, algunos leves, otros mortales. Habitualmente son valorados como algo fortuito o como la suma de hechos fortuitos que terminan poco menos que "abalanzándose" sobre el accidentado. El psiquiatra Edgardo Korovsky —autor de varios libros y artículos en revistas científicas sobre psicoanálisis— presentó un trabajo en el que propone una "re-lectura" de estos eventos que se cobran miles de vidas al año. Los accidentes son la tercera causa de muerte en la población general en Uruguay (después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares) pero son la primera en la población entre 15 y 29 años. En un libro que tituló "¿Por qué se accidenta la gente?", Korovsky argumenta que buena parte de los accidentes no son fruto del azar sino de los conflictos afectivos que previamente vivía la persona.

"Cuando alguien se accidenta lo normal es no meterse y no remover demasiado lo que pasó. Pero no es casualidad que muchos accidentados digan: volví a nacer. Luego empiezan a modificar aspectos de su vida. Si analizamos esos casos encontramos que en su mayoría eran personas que estaban viviendo una situación de cambio que despertaba dos fuerzas enfrentadas, por un lado el deseo de acompañar ese cambio y, por otro, el deseo de oponerse a ese cambio" señala el psiquiatra. Así, afirma, la fricción entre esas dos fuerzas genera una disminución de las defensas donde se cuelan la imprudencia, la negligencia o la impericia para ciertas cosas. "Cuando esto no puede ser procesado, analizado por la persona, se proyecta al exterior y con los elementos de la realidad se organiza un accidente" dice Korovsky.

El terapeuta, que basa sus afirmaciones en su trabajo profesional con personas accidentadas, dice que aunque no niega que puedan ocurrir hechos totalmente fortuitos o externos a la víctima, "habitualmente llamamos azar a los elementos que no conocemos". Dentro de esta categoría de "cambios catastróficos" puede haber cosas muy diversas: lo que para uno es "catastrófico" para otro puede no serlo. Así, según los casos, la pérdida del empleo, de un ser querido, las rupturas amorosas, el inicio o el fin de las vacaciones, pueden estar activando una bomba de tiempo que en ocasionas termina expresándose en una colisión, una caída o un golpe. Pero en la lista de factores de riesgo no deben excluirse episodios en principio "poco trascendentes" —como un resultado deportivo— que alteran los afectos. "Somos lo que sentimos. Y se mueven a través del sistema nervioso. La gente habla de estrés porque es un término de moda que tapa lo que realmente sentimos: miedo, celos, envidia, rabia. Si alguien está en una situación de conflicto ante un cambio, va a expresarlo en una enfermedad corporal o en un acto que determina un accidente. Puede ser que el accidente sirva para el cambio o para evitarlo. A veces también produce la muerte del involucrado o de otros" dice el psiquiatra. Define que la persona en alto riesgo de protagonizar un accidente es aquella que está pasando por un contexto de cambios "que no puede expresar y a veces ni siquiera puede pensar, y que requiere del accidente para poder cambiar o para evitarlo".

El psiquiatra recomienda tener una sintonía fina con la realidad: "A veces hay una escalda ante ese conflicto no resuelto. Un accidente banal, un hecho nimio, puede ser la luz de alarma si se lo mira en perspectiva. Por eso entender lo que a uno le pasa puede llegar a salvarle la vida a uno mismo y a los demás".

Korowsky dice que habitualmente un accidentado no es considerado un enfermo, pero que "accidentarse puede ser entendido como una manera psicosomática de enfermar". Como en la salud, prevenir es mejor que curar. En este caso el afectado puede así no solo salvar su vida sino, quizás, la de los potenciales coprotagonistas de su accidente.

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