EE.UU. da sólo permisos temporales a ilegales y mano dura para deportar

| Hay 41 millones de inmigrantes, 11 millones clandestinos; a los que tengan trabajo se les dará visa por tres años

Washington | Daniel Herrera Lussich (Corresponsal permanente)

El hombre delgado, joven, con pantalones vaqueros y campera abrigada, la mujer morocha, también delgada, con pantalones visiblemente heredados y un saco de lana que ajustaba al tirar nerviosamente del cinturón, no podían disimular sus caras de temor. Un gigante uniformado de azul, de inmigración, recorría la fila de más de 500 personas y con un gesto separaba de a uno o dos y los hacía ubicar en un costado con sus maletas de mano.

Finalmente 19 latinoamericanos y un asiático pasaron al interior de una habitación. Serían sometidos a largos interrogatorios, les revisarían su documentación desde todos los ángulos, insistirían en su vinculación con residentes en el país, les preguntarían mil veces si llegaban en visita turística o planeaban quedarse a trabajar clandestinamente. Diez o 12 de los elegidos por el gigantón a base de años de detectar inmigrantes ilegales, serían devueltos cuando hubiera lugar en un vuelo de retorno.

La pareja lanzó un suspiro de alivio y ella exclamó "¡Nos salvamos!". Una dama a su lado hizo ademán de silencio y luego cerca de los controles insistió en que no dudaran ni exhibieran nervios. Pasaron, pero en esos metros de angustia, los ojos inquietos, rehuyendo la mirada de frente, iban del techo al piso, y los hombros y espalda que a cada minuto se les encogían más, hacían casi imposible no detectarlos como futuros ilegales, sólo la imposibilidad de una vigilancia estricta, ante la masa humana de tres vuelos, que coincidieron en la llegada al Aeropuerto Dulles en Washington, había jugado una brava partida a su favor.

En la puerta, luego de presentarnos, habíamos llegado en otro vuelo desde Colombia, preguntamos hacia dónde iban, dieron una dirección en Virginia, escrita en un papel arrugado, el apartamento de un hermano, legalizado, que trabaja en jardinería y les había asegurado empleo, el hombre en la misma empresa del pariente, la mujer cuidaría primero a una anciana, a la espera de algo mejor. Los dos argentinos nacidos en Liniers, aunque mucho no entendí cuando mencionaron en voz baja, casi inaudible, el barrio de los últimos años. La valija que llevaban ambos era el mismo bolso de mano que traían, bajo el asiento del avión, como un divino tesoro. No necesitaron obviamente prestar atención a la sección equipajes con sus cintas giratorias.

Ese mismo día las noticias en Estados Unidos y México daban cuenta de decenas de apresados, cuando buscaban cruzar la frontera en la oscuridad de la noche (tiene 3.200 kilómetros de largo y a veces la divisoria es sólo una calle), y dos muertos en su intento de atravesar el desierto. Ya en este 2005 quedaron 400 cuerpos tirados en la arena o en las rocas por deshidratación y picaduras de animales ponzoñosos, según datos oficiales.

Son estos los dos caminos hasta ahora casi incontrolables, para ingresar a Estados Unidos en busca de una vida mejor, ¡Cuidado! También se detuvo a 350 mil narcotraficantes y otros miles con antecedentes penales.

INDOCUMENTADOS. El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, esta semana anunció "una vuelta de tuerca" en la lucha contra la inmigración ilegal, abriendo las puertas a dos posibilidades: una visa temporaria de hasta tres años para los que en ese momento tengan trabajo, renovable por otros tres, y luego el regreso obligado a sus países de origen o "mano dura" para impedir el ingreso de los indocumentados o de los que no piensan respetar la visa turística.

Un largo plan esbozó el mandatario, que muchos adjudican a un deseo de "aplacar", aún por unos días, las críticas por la guerra de Irak y "suavizar" en las primeras planas de la prensa, las acusaciones de corrupción contra jerarcas oficialistas.

A las pocas horas los republicanos se dividieron, unos salieron al cruce: "si son ilegales, no se les puede amnistiar, es un pésimo mensaje, otros apoyaron la idea tibiamente; en cambio el presidente de Unidad Hondureña en Miami, José Lagos, se mostró optimista: es un paso en la dirección correcta.

No hay duda que la casi totalidad de los que llegan ilegalmente vienen por falta de trabajo en sus países, escapando del hambre o pensando en un futuro mejor y con la obsesión de enviar mensualidades de dinero a su familia que quedó atrás. La mayoría a los pocos días encuentra un empleo, bueno o malo, siempre de acuerdo con su preparación y estudios y haciéndose a la idea de que la haraganería no existe, el empleador sabe que siempre encontrará en segundos un sustituto. Los inmigrantes no paran de llegar, hay en la actualidad 41 millones de extranjeros, 11 millones clandestinos.

La mayoría de los inmigrantes son mexicanos —17 millones, de los cuales 5 y medio son ilegales— luego siguen los filipinos, chinos, vietnamitas, centroamericanos y en los últimos años sudamericanos. Hay sólo en Miami más de 200 mil argentinos, brasileños acaban de apresar miles en operativos fronterizos; los uruguayos serían alrededor de 70 mil en todo Estados Unidos, de los cuales se piensa que hay cerca de 50% indocumentado.

¿Cómo es la vida de un indocumentado? En general vive bastante agitado, aunque en Estados Unidos no existe papel de identidad, salvo la libreta de conducir o el número social, no se detiene o intenta identificar a las personas en las calles, salvo un accidente o delito. ¡Atención! Obviamente el indocumentado está inhibido de tener una tarjeta de crédito, no puede operar con un banco, no puede comprar auto ni alquilar vivienda a su nombre y carece de seguros o de la posibilidad de exigir recibos de salarios.

Normalmente se les paga menos que a un inmigrante legal o a un americano y siempre corre el riesgo de que en una "razzia" a una empresa se le detenga, a las horas se le deje en libertad y se le fija fecha para presentarse a inmigración. Ninguno cumple y sin embargo no se libra orden de detención. Es una "guerra de nervios", pero por el momento no pasa de allí, el gobierno no puede encarar la persecución de 11 millones de indocumentados y los gastos de reenviarlos al país de origen.

VUELTA DE TUERCA. Pero las cosas parecen cambiar. Los planes de la Casa Blanca y mismo de legisladores de ambos partidos buscan una salida para los ilegales que tengan trabajo fijo, se proyecta hacerles un contrato a término a tres o seis años, antes del obligado retorno. Y durante ese período adquirirán todos los derechos de los demás legalizados. En cambio los indocumentados, si se les "pesca", irán a centros de detención y se les enviará de regreso en menos de 32 días.

Y si se aprueba en los primeros meses de 2006 el proyecto de la Administración Bush, el ingreso con idea de incorporarse ilegalmente al sector laboral estadounidense será más difícil y riesgoso. Las medidas de contralor se intensificarán y se modernizarán sistemas para detectar a clandestinos en la frontera o aeropuertos y aumentará considerablemente el número de investigadores de inmigración y aduanas.

La frontera se controlará con aviones teledirigidos, habrá sistemas de rayos ultravioletas y se levantarán barreras a lo largo de las calles en ciudades que comparten EE.UU. y México, caso Tijuana-San Diego. Se levantarán cercas en los campos y se multiplicarán los centros de detención.

George W. Bush anunció, en medida que acompaña una amplia mayoría del Congreso, la "deportación expedita", se les detiene y devuelve a su pueblo de origen en muy poco tiempo, mientras tanto permanecen en locales especiales.

Pero el argumento más sólido, aun mayor que la represión y los severos controles, surge de la "Operación Rollbank", la aplicación estricta de la ley a los empleadores que den trabajo a ilegales, condenándolos penalmente y obligándolos al pago de multas millonarias. Es entonces que el temor a la cárcel, a sanciones económicas y muchas veces a la suspensión de los permisos de la empresa actúan como la barrera más eficaz para cerrar las puertas al trabajo clandestino.

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