Jesús

Jorge Savia

El técnico y los jugadores de Peñarol no hicieron declaraciones al dejar los vestuarios. Lejos de malquistarse, tanto comunicadores como hinchas deberían darles las gracias; más que ignorados por los protagonistas, deberían sentirse respetados.

Quizá no sea ese el propósito de las huestes de Morena cuando en la intimidad del camarín resuelven salir sin decir palabra, y peor aún: mirando al vacío, como si de la puerta para afuera no hubiese nadie; pero, en definitiva, su silencio lo que hace es no ofender la inteligencia de la gente, que es un pecado capital en el que se suele caer con total impunidad —no sólo en el ámbito del fútbol— en los tiempos actuales.

Esto es: ¿qué pueden decir Morena —¡justo él, que la "mandaba a guardar" hasta cuando se equivocaba!— y los jugadores, cuando un cuadro grande lleva casi 6 horas sin convertir ni un solo tanto? Nada. El primero, por los códigos del fútbol, que el "Nando" mamó de un referente como don Hugo Bagnulo hace más de 30 años; y los segundos, porque puestos ahí, en la cancha, como quedó el "Betito", igual que Spencer en la final de la Copa del 60, y terminó cabeceando hacia arriba y al medio de la valla adversaria, en lugar de hacer saltar el talco de la raya del arco —y contra un palo— como lo hizo el ecuatoriano con el brutal e impecable frentazo que venció a Vladimiro Tarnawski, son más víctimas que culpables. Como dijo Jesús cuando lo estaban crucificando: perdónalos, señor; no saben lo que hacen.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar