"La TV es cada vez más sucia: parece un árbol de Navidad"

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CARLOS REYES

El periodista es citado en el sauna de un hotel de lujo para entrevistarse con Doc Comparato. El entrevistado llega tarde, recorre las instalaciones y entre la terraza y la piscina, decide que ese lugar no es adecuado. La entrevista se realiza en la cafetería, donde el famoso guionista brasileño fuma unos cigarros finitos, y sin parar de reír, abre el paraguas: no le gusta hablar de cuánto gana, de su sexualidad, de su edad y de la televisión uruguaya. También afirma que le da vergüenza contar cosas de su pasado, aunque afortunadamente después entra en ese asunto, conducido por su verborragia.

Es médico, de ahí su apodo. De jovencito, luego de ejercer dos años como doctor, fue becado a Londres, y como no tenía con quién conversar comenzó a escribir largas cartas que lo llevaron a la ficción y al guión. Su carrera como guionista arranca en 1978 y recorre el cine (O Beijo no asfalto, O bom burgués) y la televisión (Mulher, A Justicieira, y demás series para la TV Globo, donde fundó en 1986 el Departamento Creativo). A la fecha ha creado más de un millar de personajes, que él define así: "Un pueblo imaginario, de mil boludos que no tienen vida propia. Son seres que no pueden cambiar: no es interesante."

De visita en Montevideo el último fin de semana, donde llegó invitado por Marisa Raymundo y su instituto de capacitación Stratos, el guionista y teórico en Comunicación habló sobre su carrera, su actual estadía en Buenos Aires al servicio de Pol—ka y de su próximo libro, que trata sobre el guión para las nuevas tecnologías.

—¿Cómo llega a trabajar a Argentina?

—Hace un tiempo, en un festival en Buenos Aires, tuve un encuentro con Adrián Suar, y luego me llamaron de Pol—ka y este año estuve trabajando con ellos para hacer 13 unitarios, cada uno vinculado a un talismán. Terminé el episodio 12 y me queda hacer el último: en Navidad ya estoy en Brasil. Para mi esto es muy común, porque toda mi carrera he viajado mucho. Siempre soy un extranjero: me gusta dejarme invadir por otras culturas, y trabajar con el material creativo de esa tierra. En Moscú trabajé con guionistas rusos, en Inglaterra con ingleses, igual en Francia o el España. Siempre intento compartir el mundo creativo del otro, y donar el mío.

—¿Es distinto escribir para la televisión argentina que para la brasileña?

—No, no hay diferencia entre los espectadores del mundo. Ninguno es tan tonto ni tan listo. No creo que moviéndose unos kilómetros para acá o para allá cambie mucho el concepto de ser humano, sus necesidades y su capacidad de soñar. Los hombres me parecen muy parecidos, aunque culturalmente puedan funcionar de modo muy raro. Un veterinario hindú que considere sagrada a la vaca, o un matrimonio norteamericano que divida metódicamente las cuentas de cada uno, son dos fenómenos particulares, que te pueden estimular a pensar en un guión. Pero el lenguaje televisivo tiene una cierta escritura universal, o por lo menos continental.

—¿Buenos Aires lo estimuló artísticamente?

—Vivir en Buenos Aires fue una experiencia totalmente aparte. Una ciudad muy interesante. Me gustó mucho la cultura argentina y creo que los argentinos están viviendo un buen momento. Es curioso que el otro día fui a una reunión en Pol—ka y una secretaria me dijo: ‘Usted se está vistiendo como si fuera argentino’. Y eso para mi fue un halago, porque yo intenté convertirme un poco en argentino y lo logré. Y esto, visto desde mi profesión, es fundamental, porque tú tenés que transformarte en otras personas para crear personajes.

—¿Cómo cambió el concepto de guión desde que usted empezó a escribir?

—Ahora es todo mucho más complejo, en cine, en televisión, en todo. Antes los capítulos eran más cortos, de 30 minutos, donde una pareja primero tomaba un café y conversaba un rato, y después se iba a caminar por la playa. Y eso ahora no corre. Si no pasa nada el espectador se va. Hoy todo el mundo está más entrenado: el tiempo dramático es más rápido. Hasta los niños tienen ese ritmo más apresurado, pero las generaciones anteriores tenían una comprensión más amplia. No estoy diciendo que esté bien o mal.

—¿No cree que a veces se abusa de ese ritmo acelerado?

—Lo que se hace es poner más acción, y hacen mal. Porque para crear un buen tiempo dramático explotan coches y matan gente, en escenas muy picadas y tormentosas. Y eso puede dar una sensación de aburrimiento total. No es por ahí. La noción de tiempo dramático no está ligada al largo de una escena, que puede ser extensa y tenerte enchufado mirando. El tiempo dramático no es el tiempo ficcional: tiene que ver con hacer escenas más cortas e incisivas.

—¿Cómo cambió su manera de escribir?

—Yo no trabajo más con la teoría esa de un primer acto donde se plantea el problema, un segundo acto... y todo así hasta llegar a un clímax cerca del final, y todas esas americanadas. Trabajo con escenas buscando que cada una tenga su clima, su historia, y la suma de esas escenas va a dar una curva, que es el modo de contar la historia. Además, antes los diálogos eran más armados. Ahora la gente se expresa con mucho menos: hablan como en un golpe. Todo cambió: hasta las palabras y los nombres cambiaron.

—¿Y en cuanto a la forma?

—Hubo un momento, en los años ’80, que todo era muy limpio, con escenarios estéticamente despojados. Y actualmente la televisión está más sucia, acumulando cosas como si la pantalla fuera un árbol de Navidad. Es una diferencia formal que uno quizá no la ve, pero la siente en su alma.

—¿Qué lugar pasó a ocupar el teatro en todo esto?

—El teatro da la impresión de ocuparse de cosas viejas, aburridas. No entiendo cuando dicen que el teatro tiene que ser popular. El teatro del futuro será, por el contrario, una cosa para muy pocos, ricos. El teatro es el canal de la palabra hablada en presencia, de lo humano. Y esto, en un mundo neoliberal como el de hoy, el factor humano es cada vez más caro.

—¿Qué nos puede adelantar sobre su próximo libro?

—Va a salir el año próximo y trata sobre el guión para las nuevas tecnologías. Porque es una lástima que el arte no haya llegado a la pantalla del ordenador. Vivimos en un juego matemático de copia de otros medios. ¿Cuándo llegaremos a tener arte real allí? Creo que en Internet la ciencia llegó antes que el arte. Entonces, tenemos instrumentos para buscar su utilización artística. Fijate que cuando nace la fotografía no se le dio un uso artístico. Era algo mecánico, repetitivo, sin arte. El concepto del uso artístico llegó con retraso. Lo mismo pasó con la televisión, que al principio tomó el modelo de la radio. Y así vamos. Tenemos videojuegos, pero ficción de alto nivel aún no. Hasta ahora no hay una sola señal de que toda esa electrónica aporte elementos artísticos.

LA LUCHA POR SOBREVIVIR EN EL UNIVERSO DE LA TELEVISION

CARIOCA - Doc Comparato es autor de decenas de guiones, libros teóricos, literatura infantil y obras de teatro, trabajos con los que cosechó innumerables premios, entre ellos el de Mejor Guión, con Malu Mulher, en el Festival de Televisión de Praga de 1984, donde Regina Duarte ganó el de Mejor Actriz. Más allá de eso es un carioca de pura sangre, popular y cosmopolita, un hombre que ríe con ganas y encuentra un sentido lúdico a todo lo que va haciendo.

LUCHA - "En el mundo de la televisión hay muchas presiones por la necesidad de buenos guiones. Yo tengo que pelear mucho, con los productores, con los directores. Y te tenés que mantener firme unas veces, otras no. Tienes que administrar tu trabajo, pero es difícil, porque hay mucha presión. Cuando no son problemas políticos es por problemas capitalistas."

CORAJE - "Con mis primeras miniseries para la Globo tuve una relación cambiante. Durante mucho tiempo no les di mucha importancia, y ahora las veo muy bien. Veo que hacía las cosas a ciegas: no tenía conciencia, y ahora pienso que fui muy valiente, que tenía mucho coraje. Hoy lo que hubiera hecho es ponerme a trabajar en un banco".

FICCION - "La curiosidad acerca del otro es el motor de la ficción. El hombre es super curioso, no para. Por eso todo cuento tiene que tener un final incierto. Además, el hombre es un ser conflictuado, cercado por la incertidumbre, y sobre esa mezcla de curiosidad y conflicto se arma un guión. El guión es texto para el lenguaje audiovisual, y debe ir llevando al espectador. ¿Quién es esa chica? ¿A dónde va? Esa curiosidad para conocer los conflictos del otro, que nos refleja a nosotros mismos, es el motor de la ficción. Entendámonos: es una bobada. Uno escribe mentiras, mentiras y sólo mentiras, pero reflejan situaciones verdaderas".

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